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agosto 03, 2019

Carta Pública a un Amor Anónimo

Estimado tú,

Sé que escribir cartas está muy pasado de moda, y que quizás nunca leas esto (aunque yo voy a tratar de asegurarme que si lo hagas), pero me pareció que sería la mejor forma de dejarte en claro lo que está pasando por mi mente, y que me tiene un poco de cabeza, pero que al final es algo que necesito resolver conmigo mismo, aunque tu participación sería altamente bienvenida.

Sucede que hace varios años me he declarado poliamoroso, eso significa que, para mí, es imposible construir una relación con miras a una monogamia absoluta, y que esas escenas de celos y posesión son algo que realmente considero innecesario en una relación saludable, pero que inevitablemente toca evaluar en su momento, porque todos somos seres humanos y todos tenemos miedo a perder algo o a alguien que amamos. O quizás sólo le tememos al dolor de salir de nuestras rutinas amorosas.

Para mí, el poliamor ha sido un encuentro con cuatro principios clave, y no, no convertiré esto en una clase pero igual quiero que conozcas mi perspectiva sobre ellos (me parece crucial poner algo de 'convergencia semántica', como dice un amigo muy querido, sobre la mesa).

El primer principio es HONESTIDAD, que para mí significa el no tener secretos, el poder ir por la calle, tomados de la mano, y ser capaces de decir, sin miedo, que alguien más nos parece muy sexy o que tiene buena cola o bonita sonrisa, así como decimos que una pintura es hermosa o una estructura es fascinante. Honestidad para mí es un paralelo de fidelidad, porque el significado social de fidelidad es monogamia, pero el significado real es transparencia, realidad, sin distorsiones, sin omisiones, sin mentiras, sin secretos. Honestidad es hacer acuerdos y promesas que realmente pensamos cumplir, y cumplir es ser realmente fiel, incluso si nuestros acuerdos nos permiten estar con otras personas, la verdadera fidelidad es reconocerlo sin miedo.

El segundo principio es CONSENSO, que para mí significa el establecer acuerdos entre ambos. Nuestra relación no sería mía para decidir qué puedes hacer o no, y tampoco sería tuya para decidir por mí. Nuestra relación sería nuestra. Donde ambos podamos sentarnos y decir qué nos gusta y qué no, si queremos adaptarnos a normas sociales o si queremos ser una pareja de swingers o ir a una orgía cada fin de semana o si queremos exclusividad sexual o engordar juntos o casarnos y vivir en casas separadas o adoptar perros o gatos o caracoles u hormigas. Yo creo firmemente en construir juntos, en elegir juntos, en probar juntos, en decidir juntos, no en ser como los demás creen que deberíamos ser, sino en nuestra propia versión de lo que sea que nos provoque ser.

El tercer principio es RESPONSABILIDAD, que para mí significa asumir las consecuencias de nuestras decisiones y acciones. A diferencia de muchos, que te hago algo y si no te gusta me alejo, el poliamor me ha enseñado que si te hago y eso causa problemas, tengo que quedarme y hacer lo que me corresponda, sea resolverlo, sea escucharte en perfecto silencio o sea darte tu espacio. El poliamor me ha enseñado a perderle el miedo al dolor, al conflicto, al caos, a la ira, a los celos, a la envidia y al miedo mismo para enfrentarlos y madurar con ellos.

El cuarto principio es COMPERSIÓN, que es el que más me gusta de todos. La compersión es la dicha que se siente por la dicha del ser amado. Suena complejo, lo sé. Pero es realmente una fuerza transformadora. Yo lo he experimentado en relaciones anteriores, al ver la cara de dicha, los ojitos brillantes, la sonrisa de oreja a oreja de alguien a quien amo en diferentes situaciones. La he visto frente a una vitrina, cuando he tenido la dicha de comprarle algo que realmente quería y su sonrisa hace que cualquier suma de dinero sea insignificante. La he visto en medio de un orgasmo con otra persona, cuando me mira y, sin palabras, me agradece el compartir esa experiencia, su mirada gritando un TE AMO en silencio mientras su cuerpo se estremece de placer. La he visto en un cumpleaños, cuando su otro amado, mi metamor, llega a casa y le es imposible contener la dicha de tenernos a ambos en el mismo espacio y nos colma a ambos de besos, abrazos, caricias y sonrisas, como un cachorrito feliz de tener a su familia junta.

Pero para mí, el poliamor se ha ido convirtiendo en algo más, en un nuevo concepto, incluso más abierto, sigo creyendo firmemente en estos cuatro principios, claro que si. Pero cada día veo más innecesaria la costumbre social de ponerle etiquetas a las relaciones, de separar a los amigos de la familia, a la familia de la pareja. Cada día veo más cierta la idea de que todos los amores son igual de válidos e importantes, que las personas con las que compartes en el trabajo, las que salen contigo de rumba, las que te retan en la universidad, las que comparten tu cama y tus orgasmos o las que te hacen la sopa de pollo cuando te enfermas, todas son igual de importantes, todas son amores igual de válidos, igual de necesarios, igual de profundos, aunque se encuentren en contextos distintos y situaciones muy breves, todos hacen que la vida sea más plena y más feliz, y perder a cualquiera de estas personas puede producir un gran sufrimiento y dejar un vacío muy profundo por llenar.

Creo ciegamente que el amor nunca se acaba, que es infinito, que podemos amar y ser amados por tantas personas como conozcamos en nuestra vida, el problema está en permitirnos esos amores. Y esa es mi meta en este momento. Algo que llaman ANARQUÍA RELACIONAL.

Ahora ¿por qué te digo todo esto? Porque siento algo genial cuando tú estás cerca, porque me gusta la textura de tus labios cuando me besas suavemente, porque me gusta muchísmo verte sonreír, porque dormir abrazado al calor de tu piel es algo delicioso, porque amo llenarte de placer y sentir que me tienes la confianza suficiente para contarme absolutamente cualquier cosa, porque me gustan nuestros mensajes coquetos por WhatsApp, porque me encanta cuando entras y me sacudes el cabello con confianza y me llamas por algún apodo particular, porque me fascina escucharte en silencio, mirarte y dejarte ser tú. Pero para nada me gustaría sentir que soy un ancla o un muro que frene tu avance, que frene tu crecimiento y tu exploración de ti mismo y del mundo que te rodea. Lo que más amo de ti es tu libertad, y me odiaría mucho si te hiciera perder eso.

Quiero tener un espacio en tu vida, si, y creo que ya lo tengo. Quiero estar ahí cada vez que lo necesites, si. Quiero tener la dicha de consentirte y llenarte de besos, caricias, abrazos y razones para reír, quizás un par de dolores de cabeza, mucho sexo y cientos de historias y aventuras. Pero no quiero sentir que te corto las alas. Al contrario, me gusta verte volar.

Hace años, pensando en situaciones similares a esta, se me ocurrió la que, para mí, es la etiqueta perfecta en la anarquía relacional, o al menos hasta ahora nadie me ha dado una mejor. Lo que yo quiero ser para ti es un NIDO. Si, un nido, como los de las aves, y te diré por qué.

Un nido es una figura muy poco poética, en la mayoría de los casos un nido es un espacio caótico, lleno de detalles por mejorar pero que cumple su función a cabalidad, con esto ya me voy sintiendo identificado. ¿Cuál es la función del nido? Proveer un espacio seguro para que los polluelos puedan desarrollarse hasta que decidan volar fuera y satisfacer sus propias necesidades. Y muy pocas especies de aves regresan al nido una vez que lo abandonan, pero ahí es donde está toda la diferencia.

Yo quisiera ser para ti como un nido. Un espacio seguro en el que puedas encontrarte contigo mismo a través del silencio, o del cariño, o del diálogo, o del cine, o del arte, o de la comida, o del sexo, o del abrazo, o de la caricia, o del beso, o del sueño, o de las risas, o de las lágrimas, o de lo que tú tengas ganas y quieras compartir conmigo, claro, y que yo también quiera compartir contigo, porque esto va en doble vía. Pero al mismo tiempo ser un espacio en el que tú sepas que puedes ser, estar, sanar, aprender y evolucionar antes de seguir tu rumbo, un espacio del que no te sientas prisionero, sino con la capacidad de ir y venir con libertad. Un lugar donde puedas estar a salvo del resto del mundo y, cuando tengas las fuerzas para volver a luchar contra él, abrir las alas y salir sin temor a perder nada, sabiendo que puedes volver cada vez que lo necesites.

Mi problema actual es que eres la única persona con la que me he sentido de esta manera en mucho tiempo y mi mente, que todavía repite la programación heteronormativa y religiosa que mis padres le enseñaron, insiste en que necesito ponerte una etiqueta y exigirte cosas para poder ofrecerte cosas a cambio. Y darle vueltas a esa idea se me hace cada vez más irrisoria. ¿Por qué tendría que ponerle cadenas y etiquetas y grilletes a alguien que amo si es tan rico saber que es libre y viene porque realmente le nace hacerlo?

Creo que toda esta situación me ha obligado a cuestionar mis propios ideales y paradigmas, a entenderme mejor, a leer más, a guardar más silencios, a escribir más, a dibujar más, a pensar más en mis amores del pasado, del presente y los que vengan en el futuro. Creo que todo esto me ha hecho querer ser más el nido de amores y menos el esposo legal, firmado, sellado, normado y establecido por patrones sociales con los que ni siquiera estoy de acuerdo. Creo que necesito abrirme más a dar amor y a recibirlo sin miedo, y quizás necesito entender más el cómo funciona y compartirlo con más gente a mi alrededor para poder encontrar todos esos amores que compartir y ver volar libremente.

Y tengo que agradecerte a ti por poner todas estas dudas en mi mente, quizás sin saberlo hasta ahora.

En conclusión, quiero ser tu nido, eso me haría muy feliz, que entendieras que mi puerta siempre va a estar abierta para ti, que mi cama siempre va a guardar un espacio para darte cobijo, que seguiré aprendiendo recetas de cocina para sorprenderte, que seguiré teniendo ganas de masajear tu espalda, de lavarte en la ducha, de oírte reír y llorar y contar historias, que seguiré comprando cervezas y buscando excusas para verte y pasar tiempo juntos, pero que amo hacer esas cosas porque me nace hacerlas, no porque haya una etiqueta social que nos obligue a cumplir ciertos ritos de pareja, sino por el puro gusto de hacer cosas con alguien que amo.

Y quiero amar a muchas otras personas y que tú también lo hagas sin temor a perder ese espacio conmigo, porque hace años me declaré poliamoroso y me di cuenta que, aunque los amores se distancien y se guarden silencios, aunque algunos no incluyan contacto sexual y otros vengan sólo por el sexo, aunque las relaciones cambien y las costumbres cambien y los espacios y los tiempos cambien, jamás el amor se acaba, jamás deja de estar ahí, jamás voy a dejar de querer cuidar y consentir y ver la sonrisa, el brillo en los ojos y la paz en el rostro de los seres que amo.

Y en este momento estoy seguro que te amo a ti, mientras lees este texto.

octubre 18, 2016

Lo siento Erick

Martes. 3am. De nuevo me había conquistado el insomnio, a lo que ya me he sabido resignar e incluso sacar provecho, así que no estaba para nada mal. Lo primero que me sugirió el cerebro fue revisar el Grindr, si, la app gay; en líneas generales le he perdido toda la fe al proceso de ligue y encuentro al que la mayoría de hombres gay está acostumbrado hoy en día, es decir, sigo disfrutando el sexo y la emoción del primer encuentro, pero mi proceso de búsqueda y selección es más intelectual, más calmado o más profundo, no sabría decirlo con certeza. Tal vez sea cierto y me estoy volviendo viejo y complicado, aun así, lo disfruto y, aunque parezca imposible, siempre termino encontrando alguien que llena mis expectativas.

Entonces, ahí estaba yo, 3 de la mañana, increíblemente frío para una ciudad como Guayaquil, metido bajo las cobijas, evitando ser devorado por los zancudos y hacer demasiado ruido.  Entonces recibo este mensaje. Lo típico: “Hola. ¿Qué tal?”. Me encanta cuando el inicio es sutil, como quien no quiere nada en lo absoluto. Después de un par de minutos aún no habíamos caído en las preguntas básicas (edades, roles, ubicaciones…). La conversación se había ido por las ramas más interesantes, pequeñas preguntas bien pensadas sobre nacionalidades, gustos musicales, gustos en comida, hobbies, historias de viaje y de amores del pasado.

Era impresionante la cantidad de líneas de conversación que se producían una tras otra con fluidez al pasar cada segundo. Luego de un rato por fin apareció la primera pregunta incómoda, para él, no para mí: ¿Y por qué estás despierto a esta hora?”. Mi respuesta era simple: “INSOMNIO, tengo un par de meses con problemas para dormir. Nada grave. Mi cuerpo está reajustándose a nuevos ritmos y aún no encuentra el reloj correcto”, le dije, esperando sonar gracioso.

Hubo un par de segundos de silencio esta vez, entonces llegó su respuesta: “Mi novio me acaba de terminar y no puedo dormir”. Por supuesto yo, de chismoso, metiendo el dedo en la llaga, tenía que preguntarle lo que había sucedido. Así, línea a línea, me enteré de su historia personal de amor y dolor…

Tenían un par de años juntos, típica película que empieza muy bien. Hacía unos meses habían decidido mudarse juntos, pensando que eso fortalecería la relación en un tiempo en el que parecía que todo se había comenzado a enfriar. Ambos se estaban esforzando, aparentemente. Pero el fuego realmente se había extinguido y sólo estaban soplando cenizas al viento. Entonces llegó un empleo tras otro, el éxito laboral que te aleja de casa y te mantiene ocupado días y noches enteras, la distancia era evidente entre los dos, aun compartiendo la misma cama ya se sentían como dos mundos orbitando en direcciones opuestas.

“Entonces, hoy salí de la oficina a golpe de la una de la mañana, conduje a casa, subí al apartamento y encontré una nota sobre la cama: ‘Te deseo lo mejor, yo buscaré mi felicidad, espero encuentres la tuya’. No puedo decir que no lo veía venir. Pero pensé que habría un proceso de diálogo al menos. En fin, abrí una botella de vino y aquí sigo despierto. Todas sus cosas desaparecieron. Y, aunque apenas podía llamar relación a lo que teníamos en los últimos meses, igual siento que he perdido una parte de mí. Como que me falta algo. La cama se me hace demasiado grande.”

Debo admitir que fui yo el salido que le preguntó si quería compañía. No estaba seguro de cómo lucía este hombre, pero sentí que le vendría bien conversar y desahogarse. Así que hice un poco de presión, un par de ofertas que incluían compañía, música suave y oír todo lo que tuviera que decir en perfecto silencio y absoluta atención.

Diez minutos después me encontraba caminando por las calles de Guayaquil en dirección al centro de la ciudad. A encontrarme con un perfecto desconocido. Llegué al sitio pactado para el encuentro y observé la hora en el móvil, 4.15 am. Caminé demasiado rápido y llegué cinco minutos antes, pensaba que el sitio quedaba más lejos.

Entonces veo un auto acercarse, el número de placa me indicaba que era él. Se me acelera el corazón, más de miedo que cualquier otra cosa, podría todo haber sido mentira y estar a punto de irme al apartamento de un loco, un asesino en serie o algo peor. Él se detiene frente a mí y abre la puerta del lado del pasajero, me subo y me recibe una mano en gesto de saludo, esperando el primer apretón entre dos seres insomnes. Lo observo sonreír, es más guapo de lo que pensaba que sería, su cabello oscuro y liso cayendo un poco hacia ambos lados, sus dientes derechos, sus labios pequeños, nariz perfilada, ojos color café.

“¿Siempre vistes así para tus encuentros de madrugada?”, le pregunto mirando sus zapatos de vestir, pantalón y camisa negra abotonada hasta el cuello tras una corbata azul marino. “No”, responde él, “ni siquiera me he cambiado desde que salí de la oficina. Que pena contigo”. Nos fuimos a su casa, conversando sobre el viaje desde Venezuela y los retos de renunciar a todo para obtener el mundo.

Llegamos al apartamento, comenzó ofreciéndome vino, pero ya había tomado lo que había, así que luego fue cerveza o jugo de naranja. Acepté el jugo. Nos sentamos a conversar, primero de sus propios viajes, sus proyectos, su colección de maquetas de diversos proyectos en los que ha trabajado, su fascinación por el cine de ficción y la ingeniería de vanguardia. Pero era inevitable el tema de su relación, en cada tema, en cada detalle, en cada rincón del apartamento algo le recordaba a quien se acababa de marchar de su vida. Poco a poco fuimos pasando de lo curioso a lo personal, a lo triste, a lo nostálgico. La luz de su sonrisa y de sus ojos se iba apagando.

Entonces, de la nada, resolvió por ducharse para estar más cómodo y presentable. Me quedé sólo, sentado en su cama, mirando por la ventana las líneas de la ciudad, sorbiendo del exagerado vaso de jugo que me había servido y picando ocasionalmente la bolsa de maní salado que había abierto para mí y que parecía tener años guardada.

Cuando volvió de la ducha me pareció mucho más guapo que cuando me recogió en el auto. Su cabello húmedo parecía más oscuro contra su piel blanca y realmente se veía mucho más joven con su mono y franelilla que de camisa y corbata. Entonces se tiró en la cama junto a mí, preguntando por mis historias de amor personales, tratando de distraerse de la suya propia supongo. Le conté de mis amores, de poliamor, de cuánto seguía queriendo a algunos de mis ex, de lo mal que había pasado con algunos rompimientos y lo poco que me habían importado otros.

5.30am. “¿Te quedas a dormir conmigo?” preguntó de repente, interrumpiéndome en medio de un monólogo sobre celos y mentiras. “Seguro”, le dije, “me parece bien”. Me ofreció una camiseta y un short para dormir, entonces nos metimos en la cama. Rápidamente puso sus brazos a mi alrededor y me apretó contra su pecho. Yo estaba de espaldas, sintiendo su respiración en la nuca y sus pies fríos contra los míos. El sueño nos invadió a ambos. “Lo siento Erick”, murmuró de repente, “no te hice feliz como quería. Yo también espero que encuentres lo que buscas. Gracias por todo lo bonito que me diste y por ayudarme a ser mejor. Te amo.”

Me fue difícil contener un par de lágrimas antes de caer dormido. Pero me sentí muy bien de hacer esta conexión, de ofrecer mi tiempo y mis oídos para traer paz a la vida de alguien, al menos por una noche, o un amanecer.


Cosas que pasan cuando el insomnio ataca en Guayaquil.


septiembre 29, 2015

La primera cicatriz

Yo tenía 11 años cuando comenzamos con estos juegos. Él tenía 14 y me contaba cómo había perdido la virginidad. Yo todavía no estaba seguro lo que eso quería decir, pero me sonaba como algo místico y poderoso, algo que le había cambiado la voz, la expresión del rostro y hasta la forma de jugar conmigo.


Me decía que había sucedido en el liceo, con una chica de otra sección, él tenía 13 y ella 16. Lo tomó de la mano, lo metió en uno de los baños y comenzó a besarlo. Le dijo que la esperara a la salida y que le mostraría algo muy rico.


Él hizo caso y la esperó, diciéndole a su madre que iba a casa de un compañero que lo había invitado a almorzar. No estaba seguro lo que iba a suceder, pero la curiosidad le quemaba la piel. Ella salió y le hizo señas para que la siguiera.


Llegaron a su casa, ella soltó su bolso y se soltó el cabello, lo llevó a uno de los cuartos y lo tiró en la cama desnudándose con prisa y quitándole la ropa a él también. Comenzó a besarlo y a tocarlo por todos lados. “Se sentía muy suave su mano”, me decía él, “me hizo con la mano y con la boca, pero cuando se me sentó encima fue lo máximo”, y yo lo miraba en shock mientras él me hacía gestos con las manos para ilustrar de lo que hablaba.


Yo tenía 11 y estaba escuchando a este chico contarme su primera vez, habíamos sido mejores amigos desde niños, creciendo juntos, jugando a los mismos juegos y teniendo muchos secretos. Cuando terminó su historia tenía una confusión de sentimientos dentro de mí, un poco de nervios, de expectativa, de miedo, de angustia, y un poco de celos también. Creo que él se dio cuenta de esto último, pues me tomo la mano, entrelazando sus dedos con los míos, y me dijo: “pero tú sigues siendo la persona que más quiero en este mundo”. Y esa fue la primera vez que presionó sus labios contra los míos. Los celos se desvanecieron y me sentí morir y renacer en ese beso.


Un año después, habíamos cruzado muchos abrazos, besos y caricias, habíamos dormido juntos gracias a “la inocencia infantil” que mantenía a nuestros padres lejos de cualquier sospecha, y nos habíamos declarado toda clase de amores por encima de lo que conocíamos. Sin embargo, él seguía viendo a esta chica, lo seguían haciendo, yo lo sabía aunque él apenas tocaba el tema; no eran novios, sólo era algo físico, el mero placer sexual sin frenos, lo entiendo ahora.


Esa noche hubo una especie de tormenta, de esos climas locos que se dan en esta ciudad y que parecen sacados de una película de fin de mundo. Llovía mucho y había truenos y viento muy fuerte. Ese día habíamos decidido ir al cine juntos, sus padres estaban de viaje, un niño de 15 años sólo en casa que decide pasar sus días con otro niño de 12. La lluvia nos atrapó saliendo del cine y decidimos divertirnos con eso y caminar bajo la lluvia.


Cuando llegamos estábamos empapados y nos metimos a la ducha, por separado, y luego directo a la cama, ambos temblábamos de frío, yo además temblaba con cada trueno, él me abrazaba fuerte, yo adoraba el olor de su piel y su calor.


Él comenzó a sobarme los brazos y las piernas para darme calor, luego comenzó a besarme, yo lo seguí voluntariamente, sus manos comenzaron a bajar la velocidad e intensidad para convertirse en caricias. Yo estaba nervioso, no sabía lo que sucedía, pero quería seguirle el ritmo y hacer todo lo que él quisiera, lo amaba, aunque no lo supiera en el momento, no había forma para mí de entender lo que era el amor o el estar enamorado.


Me quitó la poca ropa que tenía y se quitó la suya después. El roce de su cuerpo se sentía como la gloria, era el calor perfecto sumándose a sus manos y a sus besos. Fue mi primera vez. Lo hicimos de todas las formas que consideramos que se podía hacer, aunque reconozco que me hubiese gustado conocer el lubricante en aquel entonces. Pero igual fue una gran experiencia, lo hicimos durante horas, hasta que nos cansamos, hasta que nuestros cuerpos ya no respondían más, hasta que habíamos descubierto cuán intenso era un orgasmo, hasta que habíamos mojado la cama con sangre, sudor y semen.


Lo amaba, con todas mis fuerzas. Y me rompió el corazón cuando se fue 18 meses después. Fui a despedirlo al aeropuerto, nos dimos un último beso en el baño y nos declaramos la libertad plena el uno al otro. Habíamos jurado no estar con nadie más mientras estuviésemos juntos, pero la distancia que nos iba a separar convertía ese juramento en una farsa.

Fue la primera persona que se llevó un pedazo de mi corazón. La primera de muchas cicatrices e historias. Yo, un chico de trece años, llorando por su primer amor perdido.




junio 23, 2015

Las Tres Escalas del Atractivo

Estaba conversando en estos días con un amigo, bueno, digamos que es un amigo para no entrar en detalles incomodos e innecesarios, pero conversábamos sobre lo que hace a una persona interesante y atractiva.

Bien es cierto que entre gustos y colores, bueno, ustedes saben el resto, pero hay de todo y para todos. Jamás una persona podrá considerarse completamente fuera del juego de las relaciones y los amores en esta vida, pues todos tenemos algo que otros pueden estar buscando, algo así como las piezas de un rompecabezas, en el que uno le brinda una parte de si al otro.

No entraré en detalles de conquista o de fines amorosos, porque no es el propósito de esta entrada. Pero es interesante ver como una cosa y la otra se pueden ir combinando para definir lo que buscamos o lo que esperamos encontrar en una futura pareja. Es decir, depende de lo que realmente queramos, será que realizaremos nuestra búsqueda del amor.

Ahora, al grano, según mi teoría personal, existen tres cosas que pueden sumar atractivo a una persona, digamos tres categorías distintas de atractivo, tres escalas de puntuación, tres cosas que te hacen llamativo, que te hacen destacar por encima de otros y que te ponen entre los primeros resultados de cualquiera en búsqueda de amor y compañía.

Estas son: Independencia. Cultura. E imagen.

Independencia: ¿Aún vives con tus padres? ¿Dependes de una beca para subsistir? ¿Tus platos y cubiertos son todos de plástico o de cartón y han sido recolectados de fiestas de vecinos y amigos? Algo que te puede sumar muchos puntos de atractivo es tu capacidad de responder ante las necesidades de la vida por tu cuenta, sin depender de la caridad, de la beca o del bolsillo de tus progenitores. Si tienes un trabajo estable, una carrera universitaria, vives por tu cuenta y además eres capaz de ahorrar algo de dinero al menos para una cena en la calle al mes, ya vas dando la talla en la primera escala de atractivo. Pues bien dicen los viejitos que amor con hambre no dura. El corazón y los sentimientos son importantes, pero aún más importante es demostrar la estabilidad que tienes en tu vida y que eres capaz de brindar o compartir con esa persona que esperas mantener junto a ti.

Cultura: ¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Cuántas sagas del cine has visto? ¿Te has enterado de los últimos hallazgos de la NASA? ¿Te mantienes al día de una o varias series de TV? La segunda escala de atractivo depende mucho de lo que leas, veas, escuches, lo que hagas en tu tiempo libre o la profesión que ejerzas, tus hobbies y pasiones. Algo común es considerar a la gente físicamente atractiva como un montón de cabezas huecas, ir al gimnasio puede ser divertido, pero no te da algo de qué hablar. Un buen revolcón en la cama puede durar un par de horas, pero al terminar todos se paran, se visten y se van porque quedarse a pasar el rato contigo es sinónimo de ABURRIDO. La escala de cultura mide lo interesante que puedes ser, lo fascinante que es hablar contigo y redescubrir el mundo. Dicen por ahí los sapiosexuales que el atractivo llama, pero la mente enamora. Así que cultivar conocimiento científico, académico, cultural y, por qué no, un poco de farándula también, puede darte excelentes resultados.

Imagen: ¿Vas al gimnasio? ¿Sales a trotar? ¿Bailas? ¿Practicas algún deporte? ¿Te vistes con la ropa que te regaló tu abuelita o eliges cosas según tu gusto particular? ¿Sabes algo de tendencias y combinaciones? ¿Tienes idea de lo que es un desodorante y una ducha de verdad? ¿Has pensado en las palabras DEPILACIÓN o ACONDICIONADOR? Está bien, no podemos ser tan superficiales y dejar que la imagen defina lo que somos y quiénes somos, pero una mentira común que nos hacemos a nosotros mismos es que todo depende de lo emocional y lo mental cuando sabemos que no es cierto. En el fondo todos queremos encontrar a alguien que consideramos físicamente atractivo, que al despertar cada mañana veamos su rostro y sintamos la dicha de tenerle a nuestro lado; que salgamos a la calle de la mano y otros le vean con interés y, sabiendo que eligió nuestra compañía antes que la de cualquier otro, nos llenamos de orgullo; que cuando estemos en la intimidad con poca o nada de ropa le veamos y pensemos POR TODOS LOS DIOSES QUE SEXY! Entonces esta tercera y última escala tiene que ver con nuestro cuerpo y nuestras elecciones en ropa y accesorios. Fíjense que es la última de las tres, para evitar parecer muy plásticos, pero igual es importante. Esto es como un trípode, sin un lado, se cae todo el interés.

Entonces, debemos medirnos nosotros mismos en cada una de las tres escalas.

Independencia: ¿Qué tan independiente soy? ¿Qué tan responsable, cumplidor, productivo y estable puedo ser? ¿Y puedo brindar esa misma estabilidad a otra persona junto a mí? ¿Podemos construirla juntos?

Cultura: ¿De qué temas puedo conversar? ¿En qué temas soy muy bueno? ¿Qué temas desconozco por completo? ¿Qué actitud tomo ante un tema nuevo para mí? ¿Qué tan abierto estoy a aprender de otros y a enseñar lo poco o mucho que sé de ciertas áreas?

Imagen: ¿Cuido mi cuerpo? ¿Trato de verme lo mejor posible? ¿Sé que hay que hacer ciertos cambios pero los evito por miedo? ¿Me arriesgo a probar nuevas cosas en mi imagen o me mantengo dentro de la misma zona siempre? ¿He probado nuevas cremas, nuevos peinados, nuevos estilos, nuevos accesorios, zapatos, cartera, lentes, maquillaje? ¿Tomo algún consejo de la televisión o las revistas en cuanto a imagen y estilo?

Todas son preguntas muy válidas y, al final, estas tres categorías serán las que proyectarán tu imagen a los ojos de los demás, y en la dirección en la que enfoquemos cada categoría saldrá a relucir una parte de nuestra personalidad. Unos preferirán ciertos aspectos de independencia sobre otros, ciertos temas de cultura sobre otros y ciertos deportes o tendencias de la moda sobre otras.


Es importante sentirnos cómodos con nuestro cuerpo y nuestra personalidad, pero así como el universo está en constante cambio y movimiento, también nosotros debemos unirnos a ese baile universal y transformarnos con el tiempo para sacar a relucir lo mejor que tenemos ante el resto del mundo.

abril 20, 2015

Hasta hoy

Hoy es la última noche que te escribo.

Porque ya he visto suficiente.

He visto como tus besos sólo llegan si ruego por ellos.
Mientras que a otros labios los repartes diligentemente.

He visto como tus miradas, tus sonrisas y tus abrazos para mí sólo llegan a 3/4.
Mientras que para otros sonríes en plenitud.

He visto como tu cuerpo se relaja junto al mío y caes en el sueño.
Mientras que junto a otros te estremeces y te enciendes en pasión.

He visto como tu piel se deja acariciar y disfruta de mi calor.
Mientras que en otras manos se eriza y pide con fervor el contacto.

He visto como respondes a mis textos y a mis palabras.
Mientras que a otras voces te derrites.

He visto como me tratas con amabilidad.
Mientras que a otros seres te entregas en afecto y abrazos.

Si. Ya he visto suficiente. Y ya no te escribo más.

Yo creo en el amor libre, y hoy dejo libre el amor que sentía por ti.
Para que vuele, para que viaje, para que llegue al sol y arda como un fénix.
Para que luego regrese a mí limpio y sea capaz de brindar amor en otra dirección, en otros besos, en otras sonrisas, en otros cuerpos, en otras manos, en otras voces, en otros seres.

septiembre 13, 2014

Complejo del Puercoespín

Doc, tengo un problema – comencé yo, mientras me acomodaba en el sofá del consultorio.

Pues, me supongo que por eso estás aquí – respondió él – y no tienes que llamarme doc.

Sí, pero no estoy seguro por dónde comenzar. Creo que sufro del complejo de puercoespín. ¿Lo ha escuchado antes? – dije mientras lo miraba a los ojos.

Creo que sí – me respondió el doc mirando a lo lejos por la ventana, como intentando recordar lo que eso era -, pero me gustaría oír lo que tú piensas al respecto. Quizás por ahí podríamos comenzar a descubrir cuál es tu problema.

Pues, hasta donde yo sé, el complejo del puercoespín es esto que le sucede a las personas, que quieren acercarse a los demás, quieren sentir y dar amor, quieren hacer amigos, quieren tener pareja, y quieren tener una relación buena con todos a su alrededor, pero saben que su piel está cubierta de espinas duras, de recuerdos, de miedos, de traumas, de conflictos internos, y por eso les cuesta mucho dejar que las personas se acerquen, porque no quieren hacerles daño, no quieren cargar a otros con su mierda. Y por esa razón se aíslan, se vuelven solitarios, retraídos. Quizás no lo aparentan, y tienen círculos de amigos, gente con la que comparten muchas cosas. Pero todo es superficial, la gente sólo conoce su sonrisa, su lado público, por darle un nombre, y realmente nadie sabe lo que pasa por su mente, nadie conoce sus miedos más profundos, sus motivaciones, quizás nadie los ha visto llorar, quizás nadie sabe por qué se enamoran o por qué terminan sus relaciones, quizás nadie ha notado su silencio en muchas ocasiones o su dificultad para relacionarse con gente nueva. Justamente porque saben enmascararse para evitar que la gente se acerque demasiado. Por favor, corríjame si me equivoco – terminé yo, respirando profundo y esperando la corrección.

No, de hecho está muy bien – me dijo el doc mientras ajustaba sus lentes -, parece que has leído mucho al respecto.

Sí, algo – le respondí con un poco de pena -, he estado pensando que debo superarlo, pero no sé cómo hacerlo. Las espinas siguen ahí, y tengo amigos doc, tengo pareja, pero no lo sé, me cuesta mucho confiar en la gente, en todos, no dejo que nadie se acerque demasiado, no me muestro por completo con nadie, no le cuento mis secretos a nadie, ni mis miedos, ni me dejo ver llorando, ni expongo mis verdaderas razones en muchas cosas, ni dejo volar mis palabras, siempre pienso lo que debo decir, lo que debo aparentar, cómo me debo ver, cómo debo sonreír, cómo debo actuar para evitar que la gente se acerque demasiado. Y es bastante trabajo.

Y comienzas a agotarte. ¿No sientes que te cansas? Que estás listo para renunciar a todo y desaparecer. Como si lo mejor fuese reiniciar la partida y comenzar desde cero para intentar que las espinas desaparezcan.

El silencio llenó el consultorio, yo pensaba en qué iba a responder a continuación. Mis ojos iban de la estantería llena de diplomas a la pared llena de certificados de congresos y eventos en varias partes del mundo y al otro extremo, a la biblioteca llena de tomos empastados con títulos en español, inglés, francés, alemán y portugués. Este hombre había recorrido el mundo estudiando la mente humana y eso me inspiraba confianza.

Por fin me decidí a responder -Si doc. Así me he sentido muchas veces. Yo creo en la reencarnación, ¿sabe? – le dije con algo de duda -, y ya una vez intenté acabar con mi vida. Bueno, tres veces. Nunca lo logré, pero siempre pensé que esa sería la solución. Si todo termina, podría comenzar de nuevo, en otro momento, en otro espacio. Quizás mejor, quizás peor. Pero las espinas se morirían con esta vida.

Y sin embargo aún sigues aquí, buscando mi ayuda – dijo mientras ponía su libreta en el escritorio y se guardaba el bolígrafo en el bolsillo de la camisa.

Si doc. No lo sé. Tal vez usted me pueda decir algo que yo no haya pensado. Quizás me pueda orientar o mandarme a hacer algún ejercicio. Quizás pueda darme una idea para salir de mis espinas o para hacerlas más suaves. O qué se yo – le dije con un tono casi suplicante pero sin mirarlo.

Mira Joe – comenzó a decir el doc -, no existe una fórmula mágica para resolver los problemas, eso lo sabes. La única forma de superar algunas tormentas es atravesándolas, viviendo el dolor en carne propia hasta que ya no lo sientas más – y enfatizaba cada palabra como si escalase una cumbre emocional.

Si doc. ¿Pero debo exponer a otros a ese dolor? ¿Debo sentarme allí y arrojar mi mierda al mundo con la esperanza de que alguien esté dispuesto a tomarla y ensuciarse conmigo sin miedos? – esto comenzaba a irse por donde no quería y tenía que evadirlo.

¿Lo has intentado? – preguntó el doc mirándome como a un niño que no ha hecho su tarea.

¡Claro! Bueno, eso creo – respondí con algo de duda.

Noto la duda en tu voz Joe. Si no estás seguro de haberlo intentado, no puedes estar seguro de que no haya alguien dispuesto a abrazarte plenamente y tomar todo lo que eres tú, todo lo que tienes, todos tus miedos y tus traumas y tus rollos y caminar contigo sin dudar.

Por alguna razón, su discurso me sonó a filosofía barata y decidí que no quería continuar. Me senté y lo miré fijo a los ojos en silencio por un par de segundos. Entonces volví el rostro hacia el suelo y le dije –Ya doc, no quiero continuar por ahora. Debo irme. Tengo otras cosas que debo hacer.

Aún no ha terminado tu hora Joe. Y realmente quiero ayudarte. Somos amigos y hago esto con gusto – su respuesta sonaba muy sincera, pero realmente estaba decidido a marcharme.

Lo siento doc. Seguimos otro día - me levanté del sofá y me acerqué a él. Le estreché la mano mientras lo miraba a los ojos – Aún te brillan los ojos cuando me miras Sebas – le dije con una sonrisa.

Aún creo que eres un chico increíble Joe, y que nunca me diste una verdadera oportunidad de conquistarte – me respondió él con su acento de niño pícaro.

Uno de estos días puede que te acepte la invitación a cenar Sebas – le respondí con una sonrisa juguetona y le solté la mano. Me di media vuelta y salí.


Ya eran más de las 6 de la tarde y oscurecía rápidamente. Definitivamente volvería a ese consultorio, pero no por Sebas, sino para intentar quitarle las espinas al puercoespín de mi vida. Y, seguro de eso, caminé hacia la parada para tomar el bus a casa.

agosto 29, 2014

Acuerdos

Hace mucho que no agrego algo nuevo a este blog. Y no es porque no quiera, sino porque me ha faltado la dedicación para sentarme a hacerlo, como me ha faltado con muchas otras cosas, porque temas he tenido en mente.

Pero hoy sentí la necesidad de desahogarme con unas líneas y, como ya es costumbre en mí, desahogarme con el mundo y que me juzgue libremente, porque jamás he temido a los juicios externos y siempre he sentido la necesidad de dejarlo todo salir.

Y es que me siento traicionado. No, es imposible que me hayan montado cachos, viviendo en una relación abierta y poliamorosa, la libertad de hacer y estar es parte del acuerdo. O al menos eso es lo que yo tengo entendido.

Pues verán, uno puede asumir que habla claro, que pone los puntos sobre las ies (creo que así se les dice en plural), que dice las cosas como son y que despeja todas las dudas y variables posibles, pero es como engañarse uno mismo. Ya dice mi madre que siempre se puede confiar en la ignorancia de las personas.

Porque eso de llegar a un acuerdo y luego molestarse por lo que se hace dentro del mismo acuerdo, no tiene otro rostro que el de la fea ignorancia. Pero vivimos en una cultura latina, machista, misógina, de ignorancia y represión donde nos enseñan que las cosas están bien si me satisfacen a mí, si las cosas están bien para mí, entonces no me quejo. Vamos, que ni yo.


Pero ¿qué pasa con eso de tener honor, de tener palabra, eso de que la palabra del brujo debe ser absoluta, de que tu sí sea si y tu no sea no, del amor perfecto y la confianza plena?

Sólo palabras en el aire, sólo tomar un discurso y repetirlo ciegamente, porque la verdad es que ninguna de esas cosas se toman en serio, al menos por algunos. Es muy fácil hablar de libertad, de confianza, de amor y de entendimiento, de comprensión, de tolerancia, de respeto y de igualdad. Pero no es tan fácil cuando te toca a ti entender que el otro puede hacer lo mismo que tú haces.

Ese viejo y asqueroso discurso de “tú eres mío, y yo soy de todos”. Pues a la mierda. No fue ese el acuerdo al que llegamos. No fue ese el contrato que hicimos desde el primer día.


Dice que “agua que no has de beber, mejor dejarla correr”, y así es, si el agua que tengo entre las manos no es la que deseo beber, prefiero soltarla y dejarla correr libre, antes de amargarme la vida encadenado en condiciones que jamás he querido para mí, ni para nadie.

diciembre 04, 2013

Amor en Segundos

No lo conozco y no sé quién es, no sé su nombre, ni su edad, no sé de dónde viene ni a dónde va, pero el destino lo ha cruzado en mi camino.

Así, muy inocentemente me topo con una de las maravillas de esta vida, algo tan sencillo como ir sentado en un bus junto a un personaje desconocido que logre robarte el aliento durante un par de segundos.

Sucede que este personaje, que calculo tendría entre 20 y 22 años, iba quedándose dormido en el bus, tenía pinta de chico deportista, con sus zapatos, su short y su franela sin mangas, que dejaba ver una muy interesante musculatura. (Obviamente no es el de la foto).

Yo iba a su lado, sentando allí, porque era el único puesto en el que no había nadie y, además, porque aparentemente no quería moverse de su asiento, así que tocaba pasar sobre él hacia el puesto que va junto a la ventana, y posiblemente con la cara de cansado que llevaba, nadie quería vivir la situación de que se le durmiera en el hombro y, peor aún, que llegase a babear y todo.

Pero bueno, quizás corrí el riesgo porque me pareció lindo desde que me subí al bus y lo noté, quizás pretendía algo más, pero quizás no. De todos modos, lo que sucedió fue algo muy inocente e interesante para mi comprensión de lo que es y cómo nace esa cosa rara que llamamos amor.

Estaba yo allí, sentado, mirando las luces de los autos pasar junto al bus, observando la tarde caer y la oscuridad sumirse sobre todo, la gente que sale en masa a la calle para dirigirse a sus casas a descansar después de un día de trabajo, y junto a mí, este pequeño adonis, sin la menor idea de que, a cada oportunidad volteaba para admirar su físico.

No estoy seguro si de repente se sintió cómodo o simplemente lo venció el sueño, pero comenzó a cerrar los ojos y dejar su cabeza caer hacia un lado, hacia mi lado. Este chico lindo, en cuestión de segundos estaba acostado en mi hombro y yo, con una sonrisa de oreja a oreja, no sabía qué hacer o qué decirle.

Cuando me armé del valor suficiente para interrumpir su sueño, le pregunté simplemente si estaba cómodo, a lo que él reaccionó sacudiendo la cabeza  y pidiéndome disculpas con una gran sonrisa, antes de recostarse sobre el asiento y acomodarse nuevamente para que su cabeza cayera en la dirección opuesta a mí.

Yo, un poco más decidido quizás, comencé a observarlo más directamente, a recorrer la forma de su frente, su cabello, sus orejas, sus labios, su nariz, sus pestañas, cejas, párpados, mejillas, su cuello, su manzana de adán, y volteaba solamente cuando, en las sacudidas del bus, él despertaba sólo para volverse a quedar dormido.

Lo miraba, si, pero no con el morbo de quien avista a su presa para devorarla de un bocado, al contrario, lo miraba como quien contempla una obra de arte, como quien desea encerrarle en un museo y que todos lo admiren y entiendan su belleza como aparentemente yo la estaba entendiendo en ese momento.

Y ahí, me sentí en un dilema.

¿Qué estaba haciendo? Contemplando la belleza de un chico desconocido que el destino me cruzó saliendo de mi trabajo y en camino a casa, donde tengo otro chico, de otra belleza extrema esperándome. ¿Significaba esto que me aburría? ¿Acaso buscaba en otras obras de arte la posibilidad de cambiarle?

Pero tan rápido como me invadieron las dudas, volvieron a disiparse. No era un cambio lo que buscaba, no se admira una obra de arte como algo absoluto, pues la belleza radica en la posibilidad de ser admirada por un ojo que la desea. Es decir, todo es bello si queremos que lo sea.

Y recordé, gracias a este chico desconocido y a su belleza que me intrigaba, que hace tres años decidí que el poliamor sería mi forma de amar, y pensé que no había nada malo detrás de mi contemplación de su belleza, es una belleza diferente, y es la capacidad de admirar esa belleza, de sentir ese gusto, esas ansias de querer más y esperar más y buscar más y amar más, lo que realmente me hace ser poliamoroso.

Es que se vuelve uno consciente de la gran mentira que nos enseñan desde niños, porque resulta que uno solo no te puede dar todo, porque uno solo no puede serlo todo, siempre habrá más que conocer, que aprender, que explorar, que avanzar, que evolucionar y que vivir. Si es así, por qué vivir en amores cerrados, por qué vivir en relaciones que no avanzan, que se estancan, que no prueban cosas nuevas, que no evolucionan.

¿Por qué vivir junto a alguien, tras una mentira de exclusividad, si se es consciente que siempre estaremos buscando y pidiéndole algo más?

Todo, en esos segundos que duro mi amor por este chico desconocido en un bus.

junio 05, 2013

Palabras de Ishtar

Protegido de los escribas y las lenguas, heredero de la verdad, el orden y la justicia, ¿realmente crees posible poner restricciones al pichón de los cielos?

Tú, que dices haber heredado la sabiduría de tus dioses, ¿realmente crees que un corazón alado puede alguna vez pertenecer a un solo hombre?

Lo mismo se intentó conmigo en el pasado, atar mi corazón a una sola piel y fallaron en el intento, pues un corazón alado está hecho para volar libre entre los cielos, para explorar siempre nuevas tierras, para saciar su hambre y sed de nuevas experiencias.

Yo misma he puesto en las manos de mi hijo mi símbolo sagrado, yo misma he movido su corazón y sus manos a tomarlo sin temor, para que nunca olvide de dónde viene y hacia dónde va.


Su espíritu debe ser libre, debe elevarse y surcar la infinidad de los cielos, su mente ansía con locura el conocimiento de los mundos y los tiempos, pues el conocimiento enseña la verdad, y la verdad nos permite realmente ser libres, el conocimiento refuerza nuestras alas y nos da aliento para buscar siempre más.

Esa pasión por conocer, por experimentar, por probar, por saciar nuestra curiosidad, esa pasión nos llama, esa pasión nos mueve, esa pasión nos consume.

Pero escucha mis palabras con atención, hijo de los escribas, un corazón alado muere si es privado de libertad, un corazón alado muere si intenta ser encadenado a una piel.

Pero siempre podrás confiar en la sinceridad del corazón alado, siempre podrás esperar que el corazón alado vuelva a tu lado, si realmente es su deseo.

Porque sólo en libertad puede un corazón alado realmente elegir a quién desea amar.


enero 02, 2013

Efecto Rebote


Terminar una relación es un proceso difícil, doloroso, complejo, tedioso… de esas cosas que desearíamos que pasaran realmente rápido y violento, que al día siguiente nos pudiésemos levantar como si nada y continuar con nuestras vidas.

Pero todos sabemos que no es así, que efectivamente hay varios días, semanas y hasta meses de duelo, dependiendo de la persona, para poder superar la relación que ha muerto y sacarse los traumas, miedos, lágrimas y recuerdos de la cabeza.

Y en este proceso de duelo, muchos cometemos el error de refugiarnos en los brazos de un nuevo amor, lo que dicen por ahí de que “un clavo saca otro clavo”, y que en realidad NO FUNCIONA.

A lo único que nos arriesgamos es a lastimar a un tercero porque intentamos desahogar en él todo aquello que no hemos superado de nuestro ex, buscamos en esta nueva persona sus besos y sus abrazos y sus palabras, y hasta nos enojamos cuando no se dan las cosas como lo esperamos.

Pero es porque no estamos realmente interesados en este nuevo individuo, sino en los rasgos o sombras que nos muestra del amor que acabamos de perder. Mientras que esta persona puede estar genuinamente interesada en nosotros, nosotros sólo lo tenemos cerca por el reflejo del pasado que proyecta con sus atenciones.

Yo siempre he aconsejado a mis amigos a mantenerse alejados de nuevos compromisos amorosos, al menos los primeros meses, para no engañar y lastimar a alguien, para no forzarnos nosotros tampoco a sentir algo que quizás no está allí realmente, para no convertir nuestro dolor en una cadena que arrastre a unos cuantos al abismo de la tristeza y la depresión.

Por ello, lo más recomendable es quedarse solo un buen rato, pensar en lo que se perdió, en lo que se aprendió, en ese dolor inclusive y en lo que podemos sacar de ello, en la forma como nuestras siguientes relaciones podrán verse iluminadas por esas lecciones.

Y si es necesario, en el camino, aprender un par de habilidades nuevas (sociales, manuales, orales, sexuales), mejorar nuestra imagen y nuestra salud, reconocer nuestros fallos y fortalezas, y asegurar nuestros puntos para ofrecer algo mejor a la siguiente persona, cuando realmente sintamos que estamos preparados y que nuestro ex no es más que el recuerdo de una lección dolorosa.

Seamos sabios y evitemos este EFECTO REBOTE.

enero 01, 2013

Amigos con Derecho

Muchos oímos ese término y temblamos, algunos de miedo y otros de emoción. En ocasiones lo pensamos como algo imposible de mantener, creemos que dos personas no pueden cruzar esa línea de la amistad hacia lo más íntimo y seguir siendo solamente amigos, sin que surjan sentimientos y compromisos. Y en otras ocasiones pensamos que las relaciones serias y estables son demasiado complicadas y que quizás los amigos con derecho son la única solución para satisfacer nuestras necesidades físicas y/o sexuales sin el rollo de enamorarnos.

Pero la realidad es que ser amigos con derecho no es tan sencillo como parece, además que encontrarlos tampoco es fácil, se requiere de mucha paciencia y mucho pensar en lo que se debe hacer o evitar para que la situación no se complique y para que los candidatos no se asusten y se alejen.

En primer lugar, es importante recordar que son amigos con derecho, no novios, eso significa que no existe un compromiso de fidelidad que mantener, dejando fuera de inmediato cualquier forma de celos o posesión que se pueda presentar. El amigo con derecho puede salir, hacer, decir, andar, compartir y relacionarse con quien guste, sin que ninguno imponga límites al otro.

En segundo lugar, hay que mantener el norte de la situación, algunos amigos con derecho pueden ser más cariñosos, atentos o amables que otros, invitándote a cenar, a ver una película, a ir de paseo o cualquier otra actividad fuera del sexo, pero eso no significa que la relación se deba convertir en otra cosa. Justamente la idea de tener amigos con derecho es para compartir buenos momentos sin tener que involucrarse emocionalmente.

En tercer lugar, es importante mantener cierto grado de distancia. Algunos amigos con derecho se complican cuando se comienza a pasar demasiado tiempo juntos, por ello es importante dar espacio al otro, y tomarse un espacio personal también, para seguir conociendo otras personas, quizás hacer nuevos amigos, con o sin derecho, intentar otras relaciones, nuevas actividades o explorar nuevas ideas sin sentirse asfixiado por alguien.

En cuarto lugar, cuando se tienen amigos con derecho, es importante tratar de que sean más de uno. Porque cuando surja esa necesidad de contacto físico y el amigo con derecho no esté disponible, habrá que tener un plan B bajo la manga para no sentirnos frustrados y arruinar la situación o recriminarle luego su ausencia. También para evitar que la repetición y la confianza nos lleven a un enamoramiento no deseado.

Eso me lleva al quinto lugar. Es importante, para los amigos con derecho, evitarse cualquier necesidad de dramas emocionales que puedan enturbiar la relación. Siguen siendo AMIGOS aunque tengan derecho a algunas cosas, y ningún amigo quiere sentirse recriminado por algo que no le corresponde, oficialmente hablando, no está en su contrato soportar regaños, discusiones y descargas emocionales del otro. A menos, claro está, que ambos decidan aceptarlo.

En sexto lugar, y esto es algo que me funciona mucho a mí mismo, es mantener la perspectiva de las cosas negativas de tus amigos con derecho. No que los veas como malas personas, sino que mantengas presente esos detalles que hacen que su relación se limite al campo de los amigos, los contras que evitan que esa persona te guste por completo y te ayudan a mantenerte a raya.

En séptimo lugar, cuando comiences a buscar amigos con derecho, es muy importante que definas cuáles son tus objetivos, qué es lo que quieres hacer, cómo lo quieres hacer, dónde lo quieres hacer, y con qué clase de personas lo quieres hacer. Puede que haya muchas opciones allá afuera, como puede que cueste mucho conseguir a alguien que te llame la atención, y quizás sea necesario bajar un poco los estándares. Pero no te dejes llevar como el viento a cada locura que aparezca, es importante arriesgarse y divertirse, si, pero también cuidarse y saber qué estás dispuesto a probar y qué simplemente no te interesa en lo absoluto.

Por último, si estás en busca de amigos con derecho, lo primero que tienes que hacer es sacarte de la cabeza todos esos rollos morales que te han enseñado en nuestra sociedad. Todo eso de ser puto, fácil, promiscuo, y lo que sea, es puro cuento para mantener a la gente reprimida en el plano sexual, que es la forma más personal e íntima de poder que tenemos. Tu cuerpo es tuyo y tú decides con quien lo compartes, nadie más tiene que darte opiniones, juicios o castigos si tú no lo permites. Así que desecha toda esa basura moralista ridícula, absurda y patética, y prepárate para divertirte y explorar tu cuerpo y tus posibilidades sin miedos.

Y, tomando todo eso en cuenta, bienvenidos sean todos mis amigos con derecho.



diciembre 15, 2012

Recuerdos


Hoy leí esta frase: “Si te hace sonreír con cualquier tontería, te enamoraste”. Y me dejó pensando en lo certero de dicha afirmación. Y claro, los recuerdos, ustedes saben…

Recuerdo este chico que paga y se olvida de ir por la mercancía que acaba de comprar.
Recuerdo este chico que finge una sonrisa.
Recuerdo este chico que cuenta como “casi” lo muerde un perro con todo y mímica.
Recuerdo este chico que me abraza y no me deja respirar.
Recuerdo este chico que podía pasar horas abrazado conmigo en cama viendo a Miss Swan.
Recuerdo este chico que intenta destapar una botella de vino y el corcho no sale.
Recuerdo este chico que finge que no sabe usar el facebook para tenerme cerca.
Recuerdo este chico que se prueba diez mil cosas para decir que no sabe qué usar.
Recuerdo este chico que se lee todo mi blog en un día y luego intenta sorprenderme hablándome de mí mismo y de sus impresiones ante mis publicaciones.
Recuerdo este chico que oye una sinfonía de Beethoven por primera vez y su cara de impacto.
Recuerdo este chico que intenta aprenderse una melodía y se ríe porque sabe que va terrible.
Recuerdo este chico que, después de un momento íntimo, comienza a darse cuenta que no hizo nada de lo que habíamos planificado.
Recuerdo este chico que intenta hacer aros con el humo del cigarro para llamar mi atención.
Recuerdo este chico que me dice que me echará los perros y comienza a ladrarme.
Recuerdo este chico que, durmiendo, se rueda más de lo que da la cama y termina en el piso.
Recuerdo este chico que busca sus lentes mientras los tiene sobre su cabeza.
Recuerdo este chico que se sienta conmigo a pintar un cuadro y hace manchas con los dedos.
Recuerdo este chico que comienza a cantar en un transporte público con baile y todo.
Recuerdo este chico que, de la nada, saca una rosa de papel y me la ofrece en pleno viaducto.
Recuerdo este chico que intenta cocinarme una cena y esconde el libro de recetas detrás de si.
Recuerdo este chico que me dice que me ama mientras cae vencido por el sueño y cada palabra sale a medias, y acompañada de un gran bostezo.
Recuerdo este chico que, en medio de una discusión, se me acercó suavemente y me robó el aliento con un beso.

Hay tantos recuerdos en mi mente. Todos hermosos. Porque es cierto que lo malo es lo que nos marca la vida, pero lo bueno es lo que nos da ganas de volverlo a intentar, de seguir buscando y seguir soñando que encontraremos esa persona con la que nos sentiremos en la compañía perfecta, sin importar cuantos pasos en falso hayamos dado o cuantas pruebas hayamos pasado, a veces son sólo segundos de paz, de miradas, de besos, caricias y sonrisas, que hacen que todo valga la pena.

diciembre 11, 2012

No es justo


Discusiones, lágrimas, gritos ahogados, un par de tragos y algo de desilusión. Un nuevo golpe de la vida, un nuevo corazón roto, una nueva herida que sanar. Pero todo un camino aún por recorrer, todo un destino que vivir, todo un futuro por disfrutar.

Me encuentro en ese momento, en el que pierdo las fuerzas, en el que sé que la derrota está cerca y ni el apoyo de mis dioses y guardianes podrá salvarme de las llamas que comienzan a arder y consumirme desde adentro.

Pero no tengo miedo. Si es necesario me entregaré tranquilo a los brazos de la muerte, a los reinos de Hades, con quien tengo un pacto eterno y me recibirá en su banquete sin dudar. Si es necesario arrojaré el combustible sobre mi mismo para acelerar el proceso que le permita a este fénix volverse cenizas y poder renacer una vez más.

Pero jamás perderé mi dignidad, mi auto-respeto, mi autoestima. Sé que soy muchas cosas, brujo, puto, odioso, complejo, adicto a mil placeres sin llegar a ser hedonista. Y aún así, tengo en claro que también soy capaz de dar muchas cosas buenas, mucha comprensión, mucha atención, que soy capaz de enfrentarme al mundo entero por aquellos a quienes amo, que puedo dejarlo todo por descansar tranquilo en los brazos de mi amor.

Un gran maestro, usando una máscara de ibis blanco, me sonríe y me recuerda que el camino de la sabiduría está lleno de lecciones difíciles y que aquellos que no valoran las batallas no se merecen la victoria. Estoy muy de acuerdo con él, no puedo luchar por aquellos brazos si se encuentran cerrados para mí.

Pediré a cierto señor salvaje que me enseñe a correr libre por los bosques, a sentir la brisa en mi piel, a reír, a llorar, a gritar, a cantar con pasión y dejar pasar el pasado, a disfrutar lo que tengo y soñar con mejores tiempos, que me arrulle con su risa y me recuerde que hay más en esta vida que esfuerzos en vano y corazones rotos.

Que así sea


noviembre 17, 2012

Noche de Cine

Tengo mucho tiempo que no escribo algo en mi blog. No significa que no me hayan sucedido cosas importantes o trascendentales. La verdad es que llega ese momento en el que me come la pereza. Que horror.

Pero esta noche, viví una experiencia que no lograré superar fácilmente. Nunca, de verdad, nunca fui fanático de la saga de Crepúsculo. La idea de vampiros y esa clase de romance cursi rosa, no me parecían dos cosas que se debían mezclar. Sin embargo, como buen maestro de cultura general debía verla, sentía que era casi imperativo conocerla, al menos para tener un tema de conversación.

Y no voy a dar más vueltas. Esta noche, vi la última película de la saga. Si, el final de todo, donde nos enteramos del destino de Bella, Edward y todo el resto del clan Cullen, incluyendo, por supuesto, a su pequeña hija.


No quiero dar demasiada información, para no arruinarles la película a quienes no la hayan visto. A mí, en lo personal me motivaron los trailers. Se lo dije a mi mejor amigo: “Yo amo una buena batalla final”. Y vaya que batalla fue esta.

Luego de haber visto todas las películas comienzas a comprender, más allá del romance y lo cursi, lo interesante de las relaciones de familia, la lealtad, la amistad, la confianza, la fuerza de los lazos que pueden unir a un grupo de personas aunque vengan de lugares y trasfondos muy diversos. Eso, para mí, es el mensaje más fuerte de la película, repito, fuera del romance.

Y esta batalla final lo tuvo todo: dolor, sangre, gritos, poderes especiales, traición, venganza, orgullo, amor, tristeza, envidia, avaricia y muchos, muchos, muchos golpes. Fue una noche increíble y la catarsis que hicimos fue más increíble aún. Siento que dejé una parte de mis pulmones y mi vergüenza gritando en esa sala de cine.


Es que eso es lo que sucede cuando realmente te metes en la historia y te apasionas por lo que está sucediendo, sabes que no es real, pero tu cuerpo grita con cada célula en respuesta a lo que ve.

Le doy mis 20 puntos a quien dirigió la película y supo administrar las actuaciones, los escenarios y la hermosa y violenta danza de esta batalla. Le doy mis 20 puntos a Dakota Fanning por su actuación que todos aprendimos a odiar hasta el final. Le doy mis 20 puntos a quien interpreta a Aro, por su capacidad de demostrar su placer y su horror tan crudamente en su rostro. Le doy mis 20 puntos a Carlisle, por estar dispuesto a morir por su familia y sus amigos. Y le doy mis 20 puntos a Alice, por ser más pilas que todos y buscar la solución pacífica, aunque tuviera que usar el miedo a su favor para lograrlo, además que durante toda la saga se mantuvo absolutamente hermosa e impecable en su imagen de pies a cabeza.


Una excelente película y una excelente liberación de tensión y estrés bien merecida. Les recomiendo, si les gusta esta saga, que se preparen para algo grande; y si no, que se relajen y le den una oportunidad, hay mucho más que aprender detrás del simple romance vampiro-humano.


julio 15, 2012

Todo pasa


Oh, mis estimados lectores, los tenía muy abandonados. Ciertamente he estado bastante ocupado y me he visto envuelto en una maraña de cosas que me han alejado del placer de escribir estas líneas y desahogarme un poco.

Pero decidí aprovechar algunos acontecimientos recientes para generar esta especie de “actualización” y compartir con ustedes lo que tengo en la mente, o lo que estos días de reflexión me han llevado a comprender. Y que sirva como un recordatorio para ustedes, y para mí, de lo que ciertas situaciones pueden generar, o de lo que ciertas experiencias pueden enseñarnos. Ahora, esto es algo que no me había tomado la molestia de hacer en el pasado, marcar un momento de profunda transformación con una nota que lo acompañe y que lo fije en mi memoria para siempre.

La triste noticia es que he terminado una relación. Si, no es precisamente algo que se diga ligero o que salga sin venir tomado de la mano por un nudo firme y tangible. Pero la realidad es que a pesar de todo me he sentido bastante tranquilo. Les contaré por qué.

Para comenzar, he terminado varias relaciones en el pasado, me he alejado de personas que me han marcado la vida, he huido de responsabilidades y he llorado mi parte del río de las penas amorosas de la humanidad. Pero quizás el vivir esas experiencias me ayuda a que el proceso sea más leve, más llevadero, más relajado.

No es que no me duela el terminar, no estamos hablando del estado emocional interno, sino de sus manifestaciones externas. Es como si hubiese aprendido a encerrar la tempestad dentro de una botella decorada, una botella capaz de sonreír, asistir a reuniones y cumplir compromisos sin derrumbarse ante la presión interna.

Además está el aprendizaje que me ha dado la Wicca, la comprensión del flujo de las cosas, del movimiento eterno, de cómo todo es parte de un proceso de aprendizaje, maduración, crecimiento, evolución, todo forma parte de las grandes lecciones de la vida para que cumplamos mejor nuestra misión. Y es que cuando comprendemos la importancia de la corriente de la vida, que las cosas no nos pertenecen, las personas no nos pertenecen, que todo debe seguir en movimiento, que cada día trae nuevas oportunidades, cuando realmente entendemos eso, podemos ver el paso de las cosas, de las relaciones, de las personas en nuestra vida como un ciclo que deja su huella y debe seguir otro camino.

No nos volvemos insensibles, al contrario, abrimos los ojos al laberinto frente a nosotros y descubrimos que hay muchas posibilidades, muchos caminos por recorrer, y que terminar una parte del trayecto, por intensa que haya sido, siempre será una gran lección y una gran experiencia, no una pérdida ni un error ni un fallo ni una lástima. Habrá lágrimas, quizás porque nos asuste comenzar nuevamente, quizás porque nos hará falta ver nuestras manos llenas, quizás porque no sabremos cuál es el siguiente paso a dar, pero eso dará paso a recibir lecciones y cosas nuevas, a descubrir oportunidades diferentes, a explorar nuestras fortalezas y debilidades para emprender nuevamente la marcha. Y será doloroso y será hermoso a la vez.

Cuando nos damos cuenta que todo pasa y que siempre podremos volverlo a intentar, allí entendemos la importancia de amar, de reír, de probar, de luchar, de gritar, de emocionarse y dar abrazos y besos, de decirle a la gente que los quieres aunque suene tonto. Porque a la final sólo quedan las huellas que dejamos en la vida de otros, y nosotros mismos también pasaremos.