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septiembre 29, 2015

La primera cicatriz

Yo tenía 11 años cuando comenzamos con estos juegos. Él tenía 14 y me contaba cómo había perdido la virginidad. Yo todavía no estaba seguro lo que eso quería decir, pero me sonaba como algo místico y poderoso, algo que le había cambiado la voz, la expresión del rostro y hasta la forma de jugar conmigo.


Me decía que había sucedido en el liceo, con una chica de otra sección, él tenía 13 y ella 16. Lo tomó de la mano, lo metió en uno de los baños y comenzó a besarlo. Le dijo que la esperara a la salida y que le mostraría algo muy rico.


Él hizo caso y la esperó, diciéndole a su madre que iba a casa de un compañero que lo había invitado a almorzar. No estaba seguro lo que iba a suceder, pero la curiosidad le quemaba la piel. Ella salió y le hizo señas para que la siguiera.


Llegaron a su casa, ella soltó su bolso y se soltó el cabello, lo llevó a uno de los cuartos y lo tiró en la cama desnudándose con prisa y quitándole la ropa a él también. Comenzó a besarlo y a tocarlo por todos lados. “Se sentía muy suave su mano”, me decía él, “me hizo con la mano y con la boca, pero cuando se me sentó encima fue lo máximo”, y yo lo miraba en shock mientras él me hacía gestos con las manos para ilustrar de lo que hablaba.


Yo tenía 11 y estaba escuchando a este chico contarme su primera vez, habíamos sido mejores amigos desde niños, creciendo juntos, jugando a los mismos juegos y teniendo muchos secretos. Cuando terminó su historia tenía una confusión de sentimientos dentro de mí, un poco de nervios, de expectativa, de miedo, de angustia, y un poco de celos también. Creo que él se dio cuenta de esto último, pues me tomo la mano, entrelazando sus dedos con los míos, y me dijo: “pero tú sigues siendo la persona que más quiero en este mundo”. Y esa fue la primera vez que presionó sus labios contra los míos. Los celos se desvanecieron y me sentí morir y renacer en ese beso.


Un año después, habíamos cruzado muchos abrazos, besos y caricias, habíamos dormido juntos gracias a “la inocencia infantil” que mantenía a nuestros padres lejos de cualquier sospecha, y nos habíamos declarado toda clase de amores por encima de lo que conocíamos. Sin embargo, él seguía viendo a esta chica, lo seguían haciendo, yo lo sabía aunque él apenas tocaba el tema; no eran novios, sólo era algo físico, el mero placer sexual sin frenos, lo entiendo ahora.


Esa noche hubo una especie de tormenta, de esos climas locos que se dan en esta ciudad y que parecen sacados de una película de fin de mundo. Llovía mucho y había truenos y viento muy fuerte. Ese día habíamos decidido ir al cine juntos, sus padres estaban de viaje, un niño de 15 años sólo en casa que decide pasar sus días con otro niño de 12. La lluvia nos atrapó saliendo del cine y decidimos divertirnos con eso y caminar bajo la lluvia.


Cuando llegamos estábamos empapados y nos metimos a la ducha, por separado, y luego directo a la cama, ambos temblábamos de frío, yo además temblaba con cada trueno, él me abrazaba fuerte, yo adoraba el olor de su piel y su calor.


Él comenzó a sobarme los brazos y las piernas para darme calor, luego comenzó a besarme, yo lo seguí voluntariamente, sus manos comenzaron a bajar la velocidad e intensidad para convertirse en caricias. Yo estaba nervioso, no sabía lo que sucedía, pero quería seguirle el ritmo y hacer todo lo que él quisiera, lo amaba, aunque no lo supiera en el momento, no había forma para mí de entender lo que era el amor o el estar enamorado.


Me quitó la poca ropa que tenía y se quitó la suya después. El roce de su cuerpo se sentía como la gloria, era el calor perfecto sumándose a sus manos y a sus besos. Fue mi primera vez. Lo hicimos de todas las formas que consideramos que se podía hacer, aunque reconozco que me hubiese gustado conocer el lubricante en aquel entonces. Pero igual fue una gran experiencia, lo hicimos durante horas, hasta que nos cansamos, hasta que nuestros cuerpos ya no respondían más, hasta que habíamos descubierto cuán intenso era un orgasmo, hasta que habíamos mojado la cama con sangre, sudor y semen.


Lo amaba, con todas mis fuerzas. Y me rompió el corazón cuando se fue 18 meses después. Fui a despedirlo al aeropuerto, nos dimos un último beso en el baño y nos declaramos la libertad plena el uno al otro. Habíamos jurado no estar con nadie más mientras estuviésemos juntos, pero la distancia que nos iba a separar convertía ese juramento en una farsa.

Fue la primera persona que se llevó un pedazo de mi corazón. La primera de muchas cicatrices e historias. Yo, un chico de trece años, llorando por su primer amor perdido.




enero 02, 2013

Efecto Rebote


Terminar una relación es un proceso difícil, doloroso, complejo, tedioso… de esas cosas que desearíamos que pasaran realmente rápido y violento, que al día siguiente nos pudiésemos levantar como si nada y continuar con nuestras vidas.

Pero todos sabemos que no es así, que efectivamente hay varios días, semanas y hasta meses de duelo, dependiendo de la persona, para poder superar la relación que ha muerto y sacarse los traumas, miedos, lágrimas y recuerdos de la cabeza.

Y en este proceso de duelo, muchos cometemos el error de refugiarnos en los brazos de un nuevo amor, lo que dicen por ahí de que “un clavo saca otro clavo”, y que en realidad NO FUNCIONA.

A lo único que nos arriesgamos es a lastimar a un tercero porque intentamos desahogar en él todo aquello que no hemos superado de nuestro ex, buscamos en esta nueva persona sus besos y sus abrazos y sus palabras, y hasta nos enojamos cuando no se dan las cosas como lo esperamos.

Pero es porque no estamos realmente interesados en este nuevo individuo, sino en los rasgos o sombras que nos muestra del amor que acabamos de perder. Mientras que esta persona puede estar genuinamente interesada en nosotros, nosotros sólo lo tenemos cerca por el reflejo del pasado que proyecta con sus atenciones.

Yo siempre he aconsejado a mis amigos a mantenerse alejados de nuevos compromisos amorosos, al menos los primeros meses, para no engañar y lastimar a alguien, para no forzarnos nosotros tampoco a sentir algo que quizás no está allí realmente, para no convertir nuestro dolor en una cadena que arrastre a unos cuantos al abismo de la tristeza y la depresión.

Por ello, lo más recomendable es quedarse solo un buen rato, pensar en lo que se perdió, en lo que se aprendió, en ese dolor inclusive y en lo que podemos sacar de ello, en la forma como nuestras siguientes relaciones podrán verse iluminadas por esas lecciones.

Y si es necesario, en el camino, aprender un par de habilidades nuevas (sociales, manuales, orales, sexuales), mejorar nuestra imagen y nuestra salud, reconocer nuestros fallos y fortalezas, y asegurar nuestros puntos para ofrecer algo mejor a la siguiente persona, cuando realmente sintamos que estamos preparados y que nuestro ex no es más que el recuerdo de una lección dolorosa.

Seamos sabios y evitemos este EFECTO REBOTE.

diciembre 15, 2012

Recuerdos


Hoy leí esta frase: “Si te hace sonreír con cualquier tontería, te enamoraste”. Y me dejó pensando en lo certero de dicha afirmación. Y claro, los recuerdos, ustedes saben…

Recuerdo este chico que paga y se olvida de ir por la mercancía que acaba de comprar.
Recuerdo este chico que finge una sonrisa.
Recuerdo este chico que cuenta como “casi” lo muerde un perro con todo y mímica.
Recuerdo este chico que me abraza y no me deja respirar.
Recuerdo este chico que podía pasar horas abrazado conmigo en cama viendo a Miss Swan.
Recuerdo este chico que intenta destapar una botella de vino y el corcho no sale.
Recuerdo este chico que finge que no sabe usar el facebook para tenerme cerca.
Recuerdo este chico que se prueba diez mil cosas para decir que no sabe qué usar.
Recuerdo este chico que se lee todo mi blog en un día y luego intenta sorprenderme hablándome de mí mismo y de sus impresiones ante mis publicaciones.
Recuerdo este chico que oye una sinfonía de Beethoven por primera vez y su cara de impacto.
Recuerdo este chico que intenta aprenderse una melodía y se ríe porque sabe que va terrible.
Recuerdo este chico que, después de un momento íntimo, comienza a darse cuenta que no hizo nada de lo que habíamos planificado.
Recuerdo este chico que intenta hacer aros con el humo del cigarro para llamar mi atención.
Recuerdo este chico que me dice que me echará los perros y comienza a ladrarme.
Recuerdo este chico que, durmiendo, se rueda más de lo que da la cama y termina en el piso.
Recuerdo este chico que busca sus lentes mientras los tiene sobre su cabeza.
Recuerdo este chico que se sienta conmigo a pintar un cuadro y hace manchas con los dedos.
Recuerdo este chico que comienza a cantar en un transporte público con baile y todo.
Recuerdo este chico que, de la nada, saca una rosa de papel y me la ofrece en pleno viaducto.
Recuerdo este chico que intenta cocinarme una cena y esconde el libro de recetas detrás de si.
Recuerdo este chico que me dice que me ama mientras cae vencido por el sueño y cada palabra sale a medias, y acompañada de un gran bostezo.
Recuerdo este chico que, en medio de una discusión, se me acercó suavemente y me robó el aliento con un beso.

Hay tantos recuerdos en mi mente. Todos hermosos. Porque es cierto que lo malo es lo que nos marca la vida, pero lo bueno es lo que nos da ganas de volverlo a intentar, de seguir buscando y seguir soñando que encontraremos esa persona con la que nos sentiremos en la compañía perfecta, sin importar cuantos pasos en falso hayamos dado o cuantas pruebas hayamos pasado, a veces son sólo segundos de paz, de miradas, de besos, caricias y sonrisas, que hacen que todo valga la pena.

agosto 21, 2012

Tengo miedo


Tengo miedo de que nuestra historia no tenga un final feliz. Que nos demos cuenta que no hay príncipes azules, ni gatitos encantados, que “felices para siempre” no está en nuestro camino.

Tengo miedo de repetir tus historias o repetir las mías. Que el pasado nos alcance y tumbe lo que hayamos construido, que no seamos capaces de dejar viejas costumbres y manías para mirar juntos hacia un nuevo futuro.

Tengo miedo de ser quien se enamore más y pierda al final. De esforzarme por dar lo mejor de mí y recibir silencios y vacíos, de ponerte en mi primer lugar y ser solamente un accesorio, de intentar ser romántico y dulce para estrellarme contra un muro de hielo frío y duro.

Tengo miedo de ser una sombra, un secreto, de que me mantengas escondido como si estorbara o te avergonzara. Que nunca pueda ser romántico y espontáneo sin temor a enojarte, ofenderte o parecerte imprudente. Que esto que vivimos se mantenga debajo de la mesa, como si no existiera. De vivir ese frío doloroso de ser sólo “un amigo” frente a todos.

Tengo miedo de que nunca logres conocer mis estados de ánimo con sólo mirarme a los ojos. De que no logremos compenetrarnos y realmente saber lo que nos pasa, de ser incapaces de abrir nuestra mente y nuestro corazón sin miedo, de tener que fingir cada palabra, cada gesto, cada acción para que todo esté bien.

Tengo miedo de no ser suficiente, de que mires en otra dirección y te des cuenta que hay otras ofertas mejores en el mercado. Que la curiosidad, el gusto, el interés o la distancia le ganen a todo lo que hemos compartido y se me repita la película triste. Pero también de que te esfuerces por estar a mi lado cuando realmente no eres feliz y no soy lo que quieres, cuando no puedo darte la vida que sueñas o la que esperas para ti.

Tengo miedo de que no seamos tan compatibles como pensamos y terminemos pisoteando las ideas y los sueños del otro. De que para poder ser felices juntos tenga que diluirme por completo y dejar de ser yo mismo. De que me toque decirte que “si” a todo para poder mantenerte contento y a mi lado. De ver mis ideas como baratijas infantiles que no llenan tus expectativas.

Tengo miedo de lastimarte, pero tengo miedo de lastimarme a mí también.
Tengo miedo de perderte, pero tengo miedo de perderme a mí mismo en el proceso.
Tengo miedo de esforzarme y quedarme sólo en el intento.
Tengo miedo de tantas cosas. Tantos miedos rondando mi cabeza.
Algunos mueren y renacen con más fuerza.
Algunos ceden su espacio a otros.
Pero ahí estoy, un manojo de historias depresivas que se repiten y continúan.
Un manojo de miedos que se rehúsa a volar porque ya se ha caído muchas veces.
Un manojo de inseguridades que decidió vararse a la orilla del camino porque ya se ha equivocado de camino una y otra vez.

octubre 16, 2011

Amores regados


Uno va dejando amores por ahí regados,
Entre balcones, habitaciones de hoteles y tejados,
Entre sabanas, almohadas y cojines,
Entre playas, olas y delfines.

Uno va dejando pedacitos de su corazón en otros pechos,
Y enredándose la vida con segundos de despecho,
Con lágrimas que mueren a los segundos,
Para rendir honor a los amores más fecundos.

Uno sufre, ríe y ama con intensidad,
Porque sabe que no habrá otra oportunidad
De probar semejantes labios y pieles,
De sentir esos olores y placeres.

Uno va sembrando recuerdos profundos
En corazones ajenos de otros mundos,
Y va guardando como el más preciado tesoro
Pequeñas pasiones brillantes como el oro.

Esto va para mis amores regados
Y para aquellos que aun no han llegado;
Para mi corazón en Chile al sur del continente
Y para los de México que siguen en mi mente;
Para la calurosa Barinas, ahí tan cercana
Y la pasión en Perú que se ve tan lejana;
Estados Unidos, España y Argentina
Y hasta Caracas, ciudad divina.

Para todos los amores que he dejado ir,
Todas esas pasiones que pude vivir,
Todos esos besos dados sin temor,
Sin daño, ni herida, sin ningún rencor.
Esto va para esos flechazos temporales de Cupido
Y para que me recuerden, sólo eso les pido.

junio 29, 2011

No es tan facil ser actor porno

Todos queremos ganarnos la vida fácil, hacer algo que nos guste y que nos paguen muy bien por eso. Todos queremos, dentro de nuestra propia ideología y preferencias, conocer personas atractivas, relacionarnos con gente nueva y si es posible, tener alguna que otra aventura en el camino, algo de adrenalina para sentirnos vivos.

El actor porno, a mi parecer, es una de esas profesiones que reúne todo lo que muchos se imaginan como la vida fácil. Te pagan por mantener un físico en excelentes condiciones, conocer mucha gente nueva, tener sexo con personas igualmente atractivas y convertirte en el ídolo de cientos de miles de personas en el mundo que quisieran tener una vida como la tuya.

¿Pero realmente es una vida fácil? No nos metamos con ninguna de las complicaciones obvias, como la falta de privacidad de una estrella en cualquier medio, problemas con el alcohol o las drogas quizás (que no son inevitables) y por supuesto, muchos chequeos médicos y requerimientos de alimentación, ejercicio y cuidados estéticos.

Y si quitamos todo eso del medio, muchos dirán: “ES EL TRABAJO PERFECTO”. Yo les diría a esas personas: “SI, CLARO, ESO CREES TU”.

Comencemos, como dicen por ahí, por el principio. Para ser actor porno, no es suficiente tener ganas de socializar y experimentar en la cama. Lo primero que necesitas es un gancho. No para colgar la ropa que te vas a quitar en el set, no; un gancho es una cualidad física que te haga destacarte por encima del hombre o la mujer promedio: un cuerpo escultural, un rostro hermoso, una mirada seductora, una capacidad sexual envidiable, una configuración genital de impacto. Ya por ahí vamos dejando a unos cuantos por fuera de los castings.

Ahora, supongamos que si tienes esa cualidad, ese “yo no se qué” especial que te hace sobresalir del montón, la pregunta seria ¿estas dispuesto a compartirlo con el resto del mundo? Y no me refiero a mostrarle tu paquete al vecino de a lado, ni exhibirle las pechugas al jefe. Me refiero a perder la pena, la timidez, el pudor y la vacilación, me refiero a ser capaz de exhibir tu cuerpo, tus habilidades de actuación y tu desempeño sexual frente a camarógrafos, maquilladores, asistentes de sonido, iluminación y vestuario, directores, productores, compañeros de grabación y uno que otro buscador de talentos que se cuele en el set tratando de “descubrir” a la próxima gran estrella del porno.

Muy bien, sobresales del resto de la gente, no sufres de pena, ni timidez, ni ninguna clase de limitación exhibicionista de tu maestría sexual. Ahora ¿eres capaz de mantener la erección? Muchos decimos que para las chicas es más fácil hacer porno, pues su grado de excitación no se evidencia visualmente, y les es mucho más fácil fingirlo. Pero para un hombre en la industria del porno, se vuelve un imperativo el lograr una erección que aguante hasta una guerra mundial. El director dice “CORTE, se está corriendo el colchón”, “CORTE, hay que cambiar la posición”, “CORTE, probemos un ángulo distinto para esta toma”, “CORTE, quiero más luz en sus rostros”, “CORTE, levanta un poco más la pierna derecha”, “CORTE, háganlo más realista, que se sienta la pasión”. Y que no se te baje ni un segundo, porque arruinas la toma; además que en los medios el tiempo es oro, y cada segundo de alquiler del set y los equipos es una millonada deducible de tu paga, agradécelo a tu flacidez.

Pero aún si pasas esta ruda prueba a tu aguante y concentración sexual, falta una más. Tenemos esa extraña noción de que TODO EL MUNDO EN LA INDUSTRIA PORNO ES ATRACTIVO(A). Y no estoy muy seguro de donde salió. Para aquellos que reconocemos que disfrutamos de algo de porno de vez en cuando, la realidad es muy simple, rápidamente identificamos los actores que más nos gustan y son esas las películas que vemos, desechando a todos los demás sin pensarlo mucho. Pero eso no es un absoluto universal. Quizás, tarde o temprano, debas enfrentarte al gorila musculoso, a la dominatriz con tacones de punta de acero, al galán de ascendencia hindú que para ti no llega ni a chico simpático o a la buenota con cara de demasiadas, y muy malas, cirugías plásticas.

En fin, no siempre estaremos con personas que realmente consideremos atractivas, pero todo es parte del contrato, y de tu acción depende tu paga. Entonces la decisión es demostrar tu profesionalismo y hacer de tripas corazón para que la toma sea lo máximo y recibas tu cheque gordo. Después de todo, mientras más abierto seas y mejor actúes frente a la adversidad, más propuestas de trabajo recibirás, y con ello una mayor paga también.

Finalmente, existe una última complicación, y se llama “ratón moral”; esa sensación de culpa, de haber hecho algo malo, de estar “sucio”. Muchos no logran ir más allá del primer día por culpa del ratón moral. Y muchos terminan con grandes conflictos personales, sociales y de autoestima por culpa del ratón moral, que no es más que ese lío moralista-religioso que nos ata a una continua búsqueda de la aprobación de terceros.

¿Aún creen que es fácil ser actor porno? Yo lo creía, pero ya no.

¿Y cómo sé todo esto? Me lo contó un pajarito, nada más.


mayo 19, 2011

Quizás...

Quizás si nos hubiésemos conocido más tarde.
Quizás si yo hubiese tenido la madurez para aceptar mis errores.
Quizás si hubieses huido antes de ese yugo materno, pesado, como anclándote a su puerto.
Quizás si la noche nos hubiese cobijado eternamente y el día hubiese cedido ante la pesadez apasionada de tu cuerpo sobre el mío.
Quizás si me hubiese enredado más fuertemente entre los hilos de tus sueños y tu cabello aún inocente.
Quizás si hubiese aprendido a ignorar el pasado y mirar junto a ti hacia el futuro.
Quizás si me hubiese entregado sin vacilaciones al calor de tus labios y el brillo de tus ojos.
Quizás si hubiese sido sincero conmigo mismo.
Quizás si hubiese tenido el valor de reconocer la falta que me harías y el tiempo que tardaría en superar el fantasma de tu ausencia.

Quizás todo sería distinto.
Quizás ahora seguiría probando tus besos, ahogándome en el aroma de tu piel y derritiéndome entre el calor de tus brazos.
Quizás seguiría amarrado a la loca ilusión de tu sonrisa, brillante como la luna e igual de sincera e hipnotizante.
Quizás seguirías siendo mi razón de luchar, mis ganas de enfrentarme al mundo y gritar lo que sentía por ti a los cuatro vientos.
Quizás la lluvia seguiría acompañando el calor de tu respiración sobre mi pecho.
Quizás no serias solo un recuerdo distante de épocas felices del pasado.

Aunque te falle.
Aunque te dejé ir.
Aunque intenté olvidarte.
Aunque ya no quise luchar más.
Aunque te grité.
Aunque aprendí a despreciarte.
Aunque me esforcé por ignorarte.
Debo reconocer que te amé.
Y tu huella, quizás no se irá jamás.


febrero 01, 2011

Nuevas aventuras


Hay momentos en la vida en que sientes que tu mundo está patas arriba. Hay días en que abres los ojos y te das cuenta de que nada es igual. El tiempo ha pasado sin que te dieras cuenta, y ahora se abre ante ti un camino desconocido, un sendero nunca antes transitado, y no puedes voltear atrás, la única salida es seguir adelante. Esos momentos se llaman “aventuras”.

Tú decides si abres tus brazos y te dejas llevar por la corriente, con la idea de que todo fluya y puedas disfrutar el paseo, que el agua te empuje hasta la superficie, lejos de las afiladas rocas y obstáculos del fondo.

O si prefieres sentir que eres tú quien dirige la corriente y te aferras con fuerza a las rocas, marcando el paso y estrellándote contra cada barrera, convirtiendo hasta el más mínimo granito de arena en una gran cadena montañosa.

Sin importar lo que elijas, sabes que no tienes otra opción, debes tomar ese camino que se abre ante ti y esperar lo mejor, arriesgarte y tener la esperanza de que al final todo estará bien. Pero como dice mi sabia madre, quien no se arriesga no aprende, cada paso que se da en esta vida podría ser el último o el primero de una nueva; cada giro de esquina podría ponernos en situaciones conflictivas o regalarnos el billete ganador de la lotería; cada obstáculo puede ser una oportunidad de superarnos o de ahogarnos en penas y lagrimas. Todo depende de la voluntad, de la visión, de la madurez, de la capacidad de tomar el menos y convertirlo en un más, en algo útil, algo productivo, creativo y hasta interesante.

Aunque hay momentos en los que es casi inevitable mirar atrás, pensar en lo que se tiene que dejar, en lo que se va cambiando, en las personas, costumbres y sentimientos que pasan a ser solo recuerdos de una vida anterior, casi como escenas de una película completamente ajena a nosotros, y nos invade la nostalgia, nostalgia que suele venir acompañada de arrepentimientos, pero también de sonrisas, porque al pensar en lo que se sacrifica, en lo que se pierde, en lo que se olvida, también se piensa en lo que se gana, lo que se obtiene, lo que se aprende. Y es allí donde llega la iluminación, la paz, la calma, cuando logras entender que todo lo que tienes, todo lo que eres, todo lo que has logrado comenzó en un giro de esquina, un paso sin temor, un salto a lo desconocido.