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octubre 05, 2015

Cambio Constante

¿Qué haces cuando te das cuenta que amas tu trabajo y tu pareja y tu casa y a tus amigos y tu vida en general? ¿Qué haces cuando parece que todo va de maravilla, que has alcanzado una serie de metas y la vida parece sonreírte en pleno?

Simple. Te das cuenta de lo iluso que eres y lo poco que sabes de energía y el universo.

Eres un iluso porque la vida jamás alcanza un pleno, porque siempre hay algún punto inestable, salvaje, indomable, caótico, un cabo suelto. Y es que debe haberlo, para mantenerte despierto, activo, con vida, con ganas de cerrar ese ciclo mientras, a tu espalda, se abren otras costuras que tendrás que cerrar luego.

La única constante en el universo es el cambio. Nada permanece, nada es eterno, nada es inmutable, nada es fijo o perfecto o estable o duradero. Todo se mueve, cambia, se altera, se contrae y se expande a tu alrededor, a veces hasta sin darte cuenta.

Lo único constante en la vida es el cambio. Y cuando llegas a ese punto en el que todo parece que va de maravilla es cuando más debes prestar atención, a tu alrededor millones de cosas entran en estado de caos para mantenerte siempre en movimiento, siempre en balance, siempre en la búsqueda de más y mejor.



Que bella es la vida y que bellos son los cambios. Que impresionante saber que ninguna meta será la cumbre, porque siempre habrá destinos más altos, más puros, más nobles que conquistar. Realmente vale la pena vivir sabiendo que cada logro sólo es el inicio del siguiente reto.


abril 20, 2015

Hasta hoy

Hoy es la última noche que te escribo.

Porque ya he visto suficiente.

He visto como tus besos sólo llegan si ruego por ellos.
Mientras que a otros labios los repartes diligentemente.

He visto como tus miradas, tus sonrisas y tus abrazos para mí sólo llegan a 3/4.
Mientras que para otros sonríes en plenitud.

He visto como tu cuerpo se relaja junto al mío y caes en el sueño.
Mientras que junto a otros te estremeces y te enciendes en pasión.

He visto como tu piel se deja acariciar y disfruta de mi calor.
Mientras que en otras manos se eriza y pide con fervor el contacto.

He visto como respondes a mis textos y a mis palabras.
Mientras que a otras voces te derrites.

He visto como me tratas con amabilidad.
Mientras que a otros seres te entregas en afecto y abrazos.

Si. Ya he visto suficiente. Y ya no te escribo más.

Yo creo en el amor libre, y hoy dejo libre el amor que sentía por ti.
Para que vuele, para que viaje, para que llegue al sol y arda como un fénix.
Para que luego regrese a mí limpio y sea capaz de brindar amor en otra dirección, en otros besos, en otras sonrisas, en otros cuerpos, en otras manos, en otras voces, en otros seres.

agosto 29, 2014

Acuerdos

Hace mucho que no agrego algo nuevo a este blog. Y no es porque no quiera, sino porque me ha faltado la dedicación para sentarme a hacerlo, como me ha faltado con muchas otras cosas, porque temas he tenido en mente.

Pero hoy sentí la necesidad de desahogarme con unas líneas y, como ya es costumbre en mí, desahogarme con el mundo y que me juzgue libremente, porque jamás he temido a los juicios externos y siempre he sentido la necesidad de dejarlo todo salir.

Y es que me siento traicionado. No, es imposible que me hayan montado cachos, viviendo en una relación abierta y poliamorosa, la libertad de hacer y estar es parte del acuerdo. O al menos eso es lo que yo tengo entendido.

Pues verán, uno puede asumir que habla claro, que pone los puntos sobre las ies (creo que así se les dice en plural), que dice las cosas como son y que despeja todas las dudas y variables posibles, pero es como engañarse uno mismo. Ya dice mi madre que siempre se puede confiar en la ignorancia de las personas.

Porque eso de llegar a un acuerdo y luego molestarse por lo que se hace dentro del mismo acuerdo, no tiene otro rostro que el de la fea ignorancia. Pero vivimos en una cultura latina, machista, misógina, de ignorancia y represión donde nos enseñan que las cosas están bien si me satisfacen a mí, si las cosas están bien para mí, entonces no me quejo. Vamos, que ni yo.


Pero ¿qué pasa con eso de tener honor, de tener palabra, eso de que la palabra del brujo debe ser absoluta, de que tu sí sea si y tu no sea no, del amor perfecto y la confianza plena?

Sólo palabras en el aire, sólo tomar un discurso y repetirlo ciegamente, porque la verdad es que ninguna de esas cosas se toman en serio, al menos por algunos. Es muy fácil hablar de libertad, de confianza, de amor y de entendimiento, de comprensión, de tolerancia, de respeto y de igualdad. Pero no es tan fácil cuando te toca a ti entender que el otro puede hacer lo mismo que tú haces.

Ese viejo y asqueroso discurso de “tú eres mío, y yo soy de todos”. Pues a la mierda. No fue ese el acuerdo al que llegamos. No fue ese el contrato que hicimos desde el primer día.


Dice que “agua que no has de beber, mejor dejarla correr”, y así es, si el agua que tengo entre las manos no es la que deseo beber, prefiero soltarla y dejarla correr libre, antes de amargarme la vida encadenado en condiciones que jamás he querido para mí, ni para nadie.

marzo 07, 2014

Pasta con atún

Sucede que me aburro,
Sucede que me canso de comer siempre pasta con atún,
Y hay días en los que quiero variar el menú.
Hay días en los que me provoca comer algo sacado de la calle,
Algún trozo de carne mal disfrazado de “alimenticio”
De esos que juras no repetir jamás aún sabiendo que lo harás
Porque son los más fáciles y van directo al grano,
Sacian tu apetito sin mucho adorno ni presentaciones elegantes,
Sin darle rodeos al asunto y sin mucha conversación.
Hay días en los que sólo quiero dulce, un postre blanco y frío,
Como un arroz con leche, con una pizca de canela y clavito
Como pecas en el pecho y la espalda para dar la impresión de “color”,
Sólo por darme el gusto de comer algo fresco y dulcito,
Joven, porque los postres no se pueden dejar madurar demasiado
O se estropearía su belleza y el dulce en ellos se volvería amargo, vano y superficial.
Hay días en los que la oferta de “coma todo lo que pueda” parece tentadora,
Y realmente pienso en la variedad de los platos, los tamaños, las porciones,
Todos reunidos en un solo lugar y todos dispuestos a dejarse devorar,
Que delicia, nada mejor que poder comer todo lo que uno quiera.
Aunque en esas situaciones siempre hay un plato o dos que prefiero dejar pasar.
Hay días en los que prefiero la comida casera,
Cosas hechas con calma, con paciencia,
De esas de cocción lenta, lo que, al menos a mí, me provoca aún mayor apetito,
Saber que tengo tantas ganas de ese plato y que se haga esperar,
Que me ofrezca el reto de irlo calentando con calma, poco a poco,
Hasta que se sienta listo y pida ser devorado.
Que delicia.
Pero estamos en crisis, y hay que ser realistas,
No se puede comer lo que se quiere todos los días,
Hay que ser coherente y comer lo que se tiene para comer,
Aunque a ratos uno haga el sacrificio y se lance una de esas comidas especiales.
Con permiso, claro está, que el platillo principal jamás sienta que ha sido relegado por otro.
Porque pase lo que pase, crisis o no crisis, hambre o no hambre,
Siempre estará allí, esperando, paciente, de rápida cocción,
El sabor conocido, el gusto adquirido ya sin remordimiento alguno,
Sin preocuparme por calorías, por gastos o presupuestos,
Siempre estará allí mi delicioso plato de pasta con atún.


diciembre 04, 2013

Amor en Segundos

No lo conozco y no sé quién es, no sé su nombre, ni su edad, no sé de dónde viene ni a dónde va, pero el destino lo ha cruzado en mi camino.

Así, muy inocentemente me topo con una de las maravillas de esta vida, algo tan sencillo como ir sentado en un bus junto a un personaje desconocido que logre robarte el aliento durante un par de segundos.

Sucede que este personaje, que calculo tendría entre 20 y 22 años, iba quedándose dormido en el bus, tenía pinta de chico deportista, con sus zapatos, su short y su franela sin mangas, que dejaba ver una muy interesante musculatura. (Obviamente no es el de la foto).

Yo iba a su lado, sentando allí, porque era el único puesto en el que no había nadie y, además, porque aparentemente no quería moverse de su asiento, así que tocaba pasar sobre él hacia el puesto que va junto a la ventana, y posiblemente con la cara de cansado que llevaba, nadie quería vivir la situación de que se le durmiera en el hombro y, peor aún, que llegase a babear y todo.

Pero bueno, quizás corrí el riesgo porque me pareció lindo desde que me subí al bus y lo noté, quizás pretendía algo más, pero quizás no. De todos modos, lo que sucedió fue algo muy inocente e interesante para mi comprensión de lo que es y cómo nace esa cosa rara que llamamos amor.

Estaba yo allí, sentado, mirando las luces de los autos pasar junto al bus, observando la tarde caer y la oscuridad sumirse sobre todo, la gente que sale en masa a la calle para dirigirse a sus casas a descansar después de un día de trabajo, y junto a mí, este pequeño adonis, sin la menor idea de que, a cada oportunidad volteaba para admirar su físico.

No estoy seguro si de repente se sintió cómodo o simplemente lo venció el sueño, pero comenzó a cerrar los ojos y dejar su cabeza caer hacia un lado, hacia mi lado. Este chico lindo, en cuestión de segundos estaba acostado en mi hombro y yo, con una sonrisa de oreja a oreja, no sabía qué hacer o qué decirle.

Cuando me armé del valor suficiente para interrumpir su sueño, le pregunté simplemente si estaba cómodo, a lo que él reaccionó sacudiendo la cabeza  y pidiéndome disculpas con una gran sonrisa, antes de recostarse sobre el asiento y acomodarse nuevamente para que su cabeza cayera en la dirección opuesta a mí.

Yo, un poco más decidido quizás, comencé a observarlo más directamente, a recorrer la forma de su frente, su cabello, sus orejas, sus labios, su nariz, sus pestañas, cejas, párpados, mejillas, su cuello, su manzana de adán, y volteaba solamente cuando, en las sacudidas del bus, él despertaba sólo para volverse a quedar dormido.

Lo miraba, si, pero no con el morbo de quien avista a su presa para devorarla de un bocado, al contrario, lo miraba como quien contempla una obra de arte, como quien desea encerrarle en un museo y que todos lo admiren y entiendan su belleza como aparentemente yo la estaba entendiendo en ese momento.

Y ahí, me sentí en un dilema.

¿Qué estaba haciendo? Contemplando la belleza de un chico desconocido que el destino me cruzó saliendo de mi trabajo y en camino a casa, donde tengo otro chico, de otra belleza extrema esperándome. ¿Significaba esto que me aburría? ¿Acaso buscaba en otras obras de arte la posibilidad de cambiarle?

Pero tan rápido como me invadieron las dudas, volvieron a disiparse. No era un cambio lo que buscaba, no se admira una obra de arte como algo absoluto, pues la belleza radica en la posibilidad de ser admirada por un ojo que la desea. Es decir, todo es bello si queremos que lo sea.

Y recordé, gracias a este chico desconocido y a su belleza que me intrigaba, que hace tres años decidí que el poliamor sería mi forma de amar, y pensé que no había nada malo detrás de mi contemplación de su belleza, es una belleza diferente, y es la capacidad de admirar esa belleza, de sentir ese gusto, esas ansias de querer más y esperar más y buscar más y amar más, lo que realmente me hace ser poliamoroso.

Es que se vuelve uno consciente de la gran mentira que nos enseñan desde niños, porque resulta que uno solo no te puede dar todo, porque uno solo no puede serlo todo, siempre habrá más que conocer, que aprender, que explorar, que avanzar, que evolucionar y que vivir. Si es así, por qué vivir en amores cerrados, por qué vivir en relaciones que no avanzan, que se estancan, que no prueban cosas nuevas, que no evolucionan.

¿Por qué vivir junto a alguien, tras una mentira de exclusividad, si se es consciente que siempre estaremos buscando y pidiéndole algo más?

Todo, en esos segundos que duro mi amor por este chico desconocido en un bus.

agosto 08, 2013

Me hundo

Me hundo, puedo sentirlo. Es como si las sombras se hiciesen cada vez más grandes, cada vez más fuertes, como si la oscuridad fuese ganando más y más terreno.

Y entonces… palabras tras palabras, errores tras errores, lágrimas tras lágrimas. Cada vez más hondo y cada vez más oscuro.

Es como estar atrapado en un remolino, no sé nadar, el agua oscura, turbia, fría me arrastra de un lado al otro, y yo simplemente me rindo a su fuerza, me dejo llevar, me dejo hundir, me dejo arrastrar.

Y oigo el grito ahogado de mi alma pidiendo ayuda, pidiéndome que luche, que sonría, que me esfuerce, que haga más… pero son gritos en vano, hace rato que el agua me cubre los oídos y su ruido es mucho más fuerte.

Sólo logro ver las nubes oscuras agolpándose cuando el viento me da un respiro y el agua me deja subir un poco, como si se burlase de mí, como si me tentara a luchar un poco más antes de recordarme que no tengo fuerzas para hacerlo.

He perdido todo, he perdido la sonrisa, he perdido las ganas, he perdido el deseo, he perdido el norte, arriba y abajo parecen iguales a mis ojos y a mi mente. Me siento abandonado, solo, perdido, la oscuridad lo es todo, el frío lo es todo, el ruido de las aguas implacables lo es todo.

Y me hundo…

Y me hundo…

Y…


enero 02, 2013

Efecto Rebote


Terminar una relación es un proceso difícil, doloroso, complejo, tedioso… de esas cosas que desearíamos que pasaran realmente rápido y violento, que al día siguiente nos pudiésemos levantar como si nada y continuar con nuestras vidas.

Pero todos sabemos que no es así, que efectivamente hay varios días, semanas y hasta meses de duelo, dependiendo de la persona, para poder superar la relación que ha muerto y sacarse los traumas, miedos, lágrimas y recuerdos de la cabeza.

Y en este proceso de duelo, muchos cometemos el error de refugiarnos en los brazos de un nuevo amor, lo que dicen por ahí de que “un clavo saca otro clavo”, y que en realidad NO FUNCIONA.

A lo único que nos arriesgamos es a lastimar a un tercero porque intentamos desahogar en él todo aquello que no hemos superado de nuestro ex, buscamos en esta nueva persona sus besos y sus abrazos y sus palabras, y hasta nos enojamos cuando no se dan las cosas como lo esperamos.

Pero es porque no estamos realmente interesados en este nuevo individuo, sino en los rasgos o sombras que nos muestra del amor que acabamos de perder. Mientras que esta persona puede estar genuinamente interesada en nosotros, nosotros sólo lo tenemos cerca por el reflejo del pasado que proyecta con sus atenciones.

Yo siempre he aconsejado a mis amigos a mantenerse alejados de nuevos compromisos amorosos, al menos los primeros meses, para no engañar y lastimar a alguien, para no forzarnos nosotros tampoco a sentir algo que quizás no está allí realmente, para no convertir nuestro dolor en una cadena que arrastre a unos cuantos al abismo de la tristeza y la depresión.

Por ello, lo más recomendable es quedarse solo un buen rato, pensar en lo que se perdió, en lo que se aprendió, en ese dolor inclusive y en lo que podemos sacar de ello, en la forma como nuestras siguientes relaciones podrán verse iluminadas por esas lecciones.

Y si es necesario, en el camino, aprender un par de habilidades nuevas (sociales, manuales, orales, sexuales), mejorar nuestra imagen y nuestra salud, reconocer nuestros fallos y fortalezas, y asegurar nuestros puntos para ofrecer algo mejor a la siguiente persona, cuando realmente sintamos que estamos preparados y que nuestro ex no es más que el recuerdo de una lección dolorosa.

Seamos sabios y evitemos este EFECTO REBOTE.