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septiembre 13, 2014

Complejo del Puercoespín

Doc, tengo un problema – comencé yo, mientras me acomodaba en el sofá del consultorio.

Pues, me supongo que por eso estás aquí – respondió él – y no tienes que llamarme doc.

Sí, pero no estoy seguro por dónde comenzar. Creo que sufro del complejo de puercoespín. ¿Lo ha escuchado antes? – dije mientras lo miraba a los ojos.

Creo que sí – me respondió el doc mirando a lo lejos por la ventana, como intentando recordar lo que eso era -, pero me gustaría oír lo que tú piensas al respecto. Quizás por ahí podríamos comenzar a descubrir cuál es tu problema.

Pues, hasta donde yo sé, el complejo del puercoespín es esto que le sucede a las personas, que quieren acercarse a los demás, quieren sentir y dar amor, quieren hacer amigos, quieren tener pareja, y quieren tener una relación buena con todos a su alrededor, pero saben que su piel está cubierta de espinas duras, de recuerdos, de miedos, de traumas, de conflictos internos, y por eso les cuesta mucho dejar que las personas se acerquen, porque no quieren hacerles daño, no quieren cargar a otros con su mierda. Y por esa razón se aíslan, se vuelven solitarios, retraídos. Quizás no lo aparentan, y tienen círculos de amigos, gente con la que comparten muchas cosas. Pero todo es superficial, la gente sólo conoce su sonrisa, su lado público, por darle un nombre, y realmente nadie sabe lo que pasa por su mente, nadie conoce sus miedos más profundos, sus motivaciones, quizás nadie los ha visto llorar, quizás nadie sabe por qué se enamoran o por qué terminan sus relaciones, quizás nadie ha notado su silencio en muchas ocasiones o su dificultad para relacionarse con gente nueva. Justamente porque saben enmascararse para evitar que la gente se acerque demasiado. Por favor, corríjame si me equivoco – terminé yo, respirando profundo y esperando la corrección.

No, de hecho está muy bien – me dijo el doc mientras ajustaba sus lentes -, parece que has leído mucho al respecto.

Sí, algo – le respondí con un poco de pena -, he estado pensando que debo superarlo, pero no sé cómo hacerlo. Las espinas siguen ahí, y tengo amigos doc, tengo pareja, pero no lo sé, me cuesta mucho confiar en la gente, en todos, no dejo que nadie se acerque demasiado, no me muestro por completo con nadie, no le cuento mis secretos a nadie, ni mis miedos, ni me dejo ver llorando, ni expongo mis verdaderas razones en muchas cosas, ni dejo volar mis palabras, siempre pienso lo que debo decir, lo que debo aparentar, cómo me debo ver, cómo debo sonreír, cómo debo actuar para evitar que la gente se acerque demasiado. Y es bastante trabajo.

Y comienzas a agotarte. ¿No sientes que te cansas? Que estás listo para renunciar a todo y desaparecer. Como si lo mejor fuese reiniciar la partida y comenzar desde cero para intentar que las espinas desaparezcan.

El silencio llenó el consultorio, yo pensaba en qué iba a responder a continuación. Mis ojos iban de la estantería llena de diplomas a la pared llena de certificados de congresos y eventos en varias partes del mundo y al otro extremo, a la biblioteca llena de tomos empastados con títulos en español, inglés, francés, alemán y portugués. Este hombre había recorrido el mundo estudiando la mente humana y eso me inspiraba confianza.

Por fin me decidí a responder -Si doc. Así me he sentido muchas veces. Yo creo en la reencarnación, ¿sabe? – le dije con algo de duda -, y ya una vez intenté acabar con mi vida. Bueno, tres veces. Nunca lo logré, pero siempre pensé que esa sería la solución. Si todo termina, podría comenzar de nuevo, en otro momento, en otro espacio. Quizás mejor, quizás peor. Pero las espinas se morirían con esta vida.

Y sin embargo aún sigues aquí, buscando mi ayuda – dijo mientras ponía su libreta en el escritorio y se guardaba el bolígrafo en el bolsillo de la camisa.

Si doc. No lo sé. Tal vez usted me pueda decir algo que yo no haya pensado. Quizás me pueda orientar o mandarme a hacer algún ejercicio. Quizás pueda darme una idea para salir de mis espinas o para hacerlas más suaves. O qué se yo – le dije con un tono casi suplicante pero sin mirarlo.

Mira Joe – comenzó a decir el doc -, no existe una fórmula mágica para resolver los problemas, eso lo sabes. La única forma de superar algunas tormentas es atravesándolas, viviendo el dolor en carne propia hasta que ya no lo sientas más – y enfatizaba cada palabra como si escalase una cumbre emocional.

Si doc. ¿Pero debo exponer a otros a ese dolor? ¿Debo sentarme allí y arrojar mi mierda al mundo con la esperanza de que alguien esté dispuesto a tomarla y ensuciarse conmigo sin miedos? – esto comenzaba a irse por donde no quería y tenía que evadirlo.

¿Lo has intentado? – preguntó el doc mirándome como a un niño que no ha hecho su tarea.

¡Claro! Bueno, eso creo – respondí con algo de duda.

Noto la duda en tu voz Joe. Si no estás seguro de haberlo intentado, no puedes estar seguro de que no haya alguien dispuesto a abrazarte plenamente y tomar todo lo que eres tú, todo lo que tienes, todos tus miedos y tus traumas y tus rollos y caminar contigo sin dudar.

Por alguna razón, su discurso me sonó a filosofía barata y decidí que no quería continuar. Me senté y lo miré fijo a los ojos en silencio por un par de segundos. Entonces volví el rostro hacia el suelo y le dije –Ya doc, no quiero continuar por ahora. Debo irme. Tengo otras cosas que debo hacer.

Aún no ha terminado tu hora Joe. Y realmente quiero ayudarte. Somos amigos y hago esto con gusto – su respuesta sonaba muy sincera, pero realmente estaba decidido a marcharme.

Lo siento doc. Seguimos otro día - me levanté del sofá y me acerqué a él. Le estreché la mano mientras lo miraba a los ojos – Aún te brillan los ojos cuando me miras Sebas – le dije con una sonrisa.

Aún creo que eres un chico increíble Joe, y que nunca me diste una verdadera oportunidad de conquistarte – me respondió él con su acento de niño pícaro.

Uno de estos días puede que te acepte la invitación a cenar Sebas – le respondí con una sonrisa juguetona y le solté la mano. Me di media vuelta y salí.


Ya eran más de las 6 de la tarde y oscurecía rápidamente. Definitivamente volvería a ese consultorio, pero no por Sebas, sino para intentar quitarle las espinas al puercoespín de mi vida. Y, seguro de eso, caminé hacia la parada para tomar el bus a casa.

agosto 29, 2014

Acuerdos

Hace mucho que no agrego algo nuevo a este blog. Y no es porque no quiera, sino porque me ha faltado la dedicación para sentarme a hacerlo, como me ha faltado con muchas otras cosas, porque temas he tenido en mente.

Pero hoy sentí la necesidad de desahogarme con unas líneas y, como ya es costumbre en mí, desahogarme con el mundo y que me juzgue libremente, porque jamás he temido a los juicios externos y siempre he sentido la necesidad de dejarlo todo salir.

Y es que me siento traicionado. No, es imposible que me hayan montado cachos, viviendo en una relación abierta y poliamorosa, la libertad de hacer y estar es parte del acuerdo. O al menos eso es lo que yo tengo entendido.

Pues verán, uno puede asumir que habla claro, que pone los puntos sobre las ies (creo que así se les dice en plural), que dice las cosas como son y que despeja todas las dudas y variables posibles, pero es como engañarse uno mismo. Ya dice mi madre que siempre se puede confiar en la ignorancia de las personas.

Porque eso de llegar a un acuerdo y luego molestarse por lo que se hace dentro del mismo acuerdo, no tiene otro rostro que el de la fea ignorancia. Pero vivimos en una cultura latina, machista, misógina, de ignorancia y represión donde nos enseñan que las cosas están bien si me satisfacen a mí, si las cosas están bien para mí, entonces no me quejo. Vamos, que ni yo.


Pero ¿qué pasa con eso de tener honor, de tener palabra, eso de que la palabra del brujo debe ser absoluta, de que tu sí sea si y tu no sea no, del amor perfecto y la confianza plena?

Sólo palabras en el aire, sólo tomar un discurso y repetirlo ciegamente, porque la verdad es que ninguna de esas cosas se toman en serio, al menos por algunos. Es muy fácil hablar de libertad, de confianza, de amor y de entendimiento, de comprensión, de tolerancia, de respeto y de igualdad. Pero no es tan fácil cuando te toca a ti entender que el otro puede hacer lo mismo que tú haces.

Ese viejo y asqueroso discurso de “tú eres mío, y yo soy de todos”. Pues a la mierda. No fue ese el acuerdo al que llegamos. No fue ese el contrato que hicimos desde el primer día.


Dice que “agua que no has de beber, mejor dejarla correr”, y así es, si el agua que tengo entre las manos no es la que deseo beber, prefiero soltarla y dejarla correr libre, antes de amargarme la vida encadenado en condiciones que jamás he querido para mí, ni para nadie.

agosto 08, 2013

Me hundo

Me hundo, puedo sentirlo. Es como si las sombras se hiciesen cada vez más grandes, cada vez más fuertes, como si la oscuridad fuese ganando más y más terreno.

Y entonces… palabras tras palabras, errores tras errores, lágrimas tras lágrimas. Cada vez más hondo y cada vez más oscuro.

Es como estar atrapado en un remolino, no sé nadar, el agua oscura, turbia, fría me arrastra de un lado al otro, y yo simplemente me rindo a su fuerza, me dejo llevar, me dejo hundir, me dejo arrastrar.

Y oigo el grito ahogado de mi alma pidiendo ayuda, pidiéndome que luche, que sonría, que me esfuerce, que haga más… pero son gritos en vano, hace rato que el agua me cubre los oídos y su ruido es mucho más fuerte.

Sólo logro ver las nubes oscuras agolpándose cuando el viento me da un respiro y el agua me deja subir un poco, como si se burlase de mí, como si me tentara a luchar un poco más antes de recordarme que no tengo fuerzas para hacerlo.

He perdido todo, he perdido la sonrisa, he perdido las ganas, he perdido el deseo, he perdido el norte, arriba y abajo parecen iguales a mis ojos y a mi mente. Me siento abandonado, solo, perdido, la oscuridad lo es todo, el frío lo es todo, el ruido de las aguas implacables lo es todo.

Y me hundo…

Y me hundo…

Y…


agosto 21, 2012

Tengo miedo


Tengo miedo de que nuestra historia no tenga un final feliz. Que nos demos cuenta que no hay príncipes azules, ni gatitos encantados, que “felices para siempre” no está en nuestro camino.

Tengo miedo de repetir tus historias o repetir las mías. Que el pasado nos alcance y tumbe lo que hayamos construido, que no seamos capaces de dejar viejas costumbres y manías para mirar juntos hacia un nuevo futuro.

Tengo miedo de ser quien se enamore más y pierda al final. De esforzarme por dar lo mejor de mí y recibir silencios y vacíos, de ponerte en mi primer lugar y ser solamente un accesorio, de intentar ser romántico y dulce para estrellarme contra un muro de hielo frío y duro.

Tengo miedo de ser una sombra, un secreto, de que me mantengas escondido como si estorbara o te avergonzara. Que nunca pueda ser romántico y espontáneo sin temor a enojarte, ofenderte o parecerte imprudente. Que esto que vivimos se mantenga debajo de la mesa, como si no existiera. De vivir ese frío doloroso de ser sólo “un amigo” frente a todos.

Tengo miedo de que nunca logres conocer mis estados de ánimo con sólo mirarme a los ojos. De que no logremos compenetrarnos y realmente saber lo que nos pasa, de ser incapaces de abrir nuestra mente y nuestro corazón sin miedo, de tener que fingir cada palabra, cada gesto, cada acción para que todo esté bien.

Tengo miedo de no ser suficiente, de que mires en otra dirección y te des cuenta que hay otras ofertas mejores en el mercado. Que la curiosidad, el gusto, el interés o la distancia le ganen a todo lo que hemos compartido y se me repita la película triste. Pero también de que te esfuerces por estar a mi lado cuando realmente no eres feliz y no soy lo que quieres, cuando no puedo darte la vida que sueñas o la que esperas para ti.

Tengo miedo de que no seamos tan compatibles como pensamos y terminemos pisoteando las ideas y los sueños del otro. De que para poder ser felices juntos tenga que diluirme por completo y dejar de ser yo mismo. De que me toque decirte que “si” a todo para poder mantenerte contento y a mi lado. De ver mis ideas como baratijas infantiles que no llenan tus expectativas.

Tengo miedo de lastimarte, pero tengo miedo de lastimarme a mí también.
Tengo miedo de perderte, pero tengo miedo de perderme a mí mismo en el proceso.
Tengo miedo de esforzarme y quedarme sólo en el intento.
Tengo miedo de tantas cosas. Tantos miedos rondando mi cabeza.
Algunos mueren y renacen con más fuerza.
Algunos ceden su espacio a otros.
Pero ahí estoy, un manojo de historias depresivas que se repiten y continúan.
Un manojo de miedos que se rehúsa a volar porque ya se ha caído muchas veces.
Un manojo de inseguridades que decidió vararse a la orilla del camino porque ya se ha equivocado de camino una y otra vez.

abril 29, 2012

Consejos para una triada amorosa


Como estamos en ese proceso de comenzar una relación poliamorosa de tres personas (una triada), he estado leyendo mucho al respecto en internet, buscando información sobre otras experiencias de vida, cómo funcionan sus relaciones, cómo enfrentan los retos, los miedos, las dudas, los celos y todos los problemas que se pueden presentar. Y me he encontrado algunos artículos muy interesantes al respecto, por eso quiero compartir algunas de mis conclusiones.

1. Una triada puede nacer de muchas formas. Bien sea que tres solteros quieran estar juntos, que una pareja incluya a un tercero, que una noche de trío sexual se convierta en algo más o que una relación en V comience a desarrollar nuevos sentimientos al compartir los tres juntos, por nombrar algunas. Pero sea como sea, las relaciones interpersonales son un mundo complejo para dos personas, por lo tanto, será un mundo más complejo para tres. Los retos, situaciones, posibilidades y opciones aumentarán para todos los involucrados.

Incluso si es una pareja que recibe un tercero, se debe estar consciente de los cambios que se producirán entre ellos. Quizás la relación base tenga muchos años juntos y sientan que todo está firme como roca, pero agregar un nuevo corazón a esa mezcla siempre producirá nuevos resultados y es importante tomar en cuenta que todo puede cambiar, para mejor si se hacen las cosas bien.

2. Además hay que considerar que una triada es un sistema complejo de relaciones. Está la relación de X con Y, la relación de X con Z, y la relación de Y con Z, más la relación de los tres juntos.

El tiempo compartido en triada es importante, por supuesto. Pero no se deben descuidar las relaciones individuales. Cada relación tendrá sus características particulares, sus gustos definidos, sus intereses compartidos, sus expresiones de afecto y de interés físico, emocional y sicológico, que no sólo ayudarán a fortalecer los lazos, sino que aportarán nuevas ideas, experiencias y posibilidades a la triada. Eso si, la comunicación es crucial, cada uno debe ser capaz de decidir lo que quiere hacer sin sentirse obligado y a la vez saber que será bienvenido en todo.

Esto nos lleva a uno de esos errores comunes de comunicación en las relaciones múltiples, y tiene que ver con el proceso informativo. No es bueno, chicos y chicas que me leen, creer que si le cuento algo a X, él irá automáticamente y se lo contará a Y, entonces yo no tengo que repetir la historia o no tengo que gastar más saldo. Eso está mal. A veces la información no se comparte porque uno cree que el otro ya lo sabe, o simplemente se olvida el mensaje o se distraen en alguna otra cosa. Es mejor caer en la repetición y el gasto que generar conflictos y que alguno de los tres sienta que no le quieren contar las cosas o que siempre lo dejan de último para enterarse de todo.

3. Con todo esto en mente, es esencial no perderse uno mismo en el proceso. Habrá situaciones muy lindas, mucho compartir, mucho aprender y explorar, pero no hay que diluirse en todo eso y perder la personalidad y lo individual. De vez en cuando se necesitará algo de tiempo para uno solo, para meditar, para analizar cosas, para vivir su vida también, para cumplir sus metas, para trabajar en lo personal. Después de todo, esos dos galanes se enamoraron de ti, justamente, por ser quien eres. Así que sigue viviendo, disfruta tus hobbies, tu familia, tus amigos, las cosas que te apasionan, sólo que ahora tienes más razones para pasar el día sonriendo.

4. Es común en muchas triadas, sobre todo en la pareja base que “recibe” un tercero, que ya existan historias previas o experiencias anteriores a la actual, y esto es un asunto que debe tomarse con cuidado para no hacer sentir al tercero como un recién llegado y caído de la mata y desubicado y fuera de onda y todo lo demás, sino, al contrario, proveerle las oportunidades para ponerse al día, brindarle la información y compartir con él las anécdotas, los miedos, las experiencias y resultados de las situaciones para que sienta ese deseo de incluirlo. Y puede ser un excelente punto de partida para comenzar a generar planes juntos y conocer las experiencias e ideas que el tercero puede aportar también.

5. Es una relación entre adultos conscientes y en pleno uso de sus facultades, el sexo traerá muchos placeres, pero también su propio sistema de retos. La mejor solución aquí es hablar al respecto; quizás uno en la triada te produce una morbo insuperable y deseas arrancarle la ropa salvajemente, mientras que el otro te inspira más ternura y noches de pasión bajo las velas; quizás uno saca tu lado activo y dominante, mientras que el otro te da ganas de acostarte y dejarte voltear como una media. Si los mezclamos todos puede ser genial e intenso, pero también confuso y conflictivo. Es entonces necesario dejar las cosas en claro para comprender los SI y los NO de cada uno, pero a la vez mantener una actitud positiva que te permita entender que la química en cada relación individual puede ser diferente, y eso no significa que uno sea más o menos importante que el otro. Mantener la mente abierta para probar es importante, pero también lo es el respetar el espacio individual y entender que los gustos pueden ser diferentes, y esto está bien después de todo.

6. Hablar es crucial en toda relación, comunicarse en general. Pero no comunicarse sólo de mandarse besitos y decirse que lindos son. Comunicarse debe emplearse en todo el espectro de la palabra. Desde comentarios y cariños, piropos y mensajes afectivos hasta el poder desahogar sin miedo las dudas, problemas, celos y conflictos internos o externos. Si no puedes hablar con tu pareja sobre tus problemas, entonces algo anda mal.

A menudo, el hablar sobre los problemas puede parecernos tonto, pero una vez que lo hacemos quizá nos damos cuenta que nuestros problemas no son tan grandes como parecían en principio. Y en una triada todos pueden darse apoyo y afecto para superar cualquier situación negativa y para reafirmar su amor siempre que sea necesario.

Pero todo esto de comunicarse va más allá, hasta las fronteras más insospechadas. Muchas veces nos tragamos las cosas que más rápido deberíamos decir. Si tenemos celos, si algo nos molesta, si nos incomoda una situación, si nos sentimos desplazados, si nos sentimos usados, si queremos que colaboren en la casa, si queremos que participen en alguna actividad, si tenemos miedo de esa nueva experiencia, hay que decirlo. Por lo general esas cosas difíciles o dolorosas son las que más se deben ventilar si queremos que la relación sea un espacio estable, seguro y amoroso.

La triada ofrece la ventaja de los puntos de vista. Quizás el tercero pueda ayudar a aclarar una situación que la relación base no ha podido resolver aún, y nada mejor que dos seres que te aman para darte el empujón final para superar esos malos hábitos o costumbres negativas.

Bueno, esos son los consejos que he aprendido leyendo por internet. Espero me sirva a mi y a mis chicos para llevar a salvo este proceso poliamoroso y a todos ustedes para aclararles algunas dudas.

abril 22, 2012

Patético amor


A veces creo que lo mejor es encontrar a alguien que se “descosa” por ti. No sé si me entienden. Una persona que te considere el centro absoluto de su vida, que quiera hacer todo contigo, ir a todos lados contigo y que muera por el roce de tu piel y de tus labios. Pero quizás eso sería demasiado fácil. Y el problema es, entonces, que no valoramos las cosas fáciles, simplemente las tomamos por sentado hasta que las perdemos.

Es posible, y es una teoría que he estado analizando recientemente, que parte del amor resida en comprender que no siempre podemos tener todo lo que queremos, que a veces nos toca adaptarnos (para no decir conformarnos) con lo que nos pone la vida en el camino, o con lo que nosotros mismos logamos traer a ese camino, aunque traiga defectos, errores y nos produzca rabietas y lágrimas.

Puede que la verdadera prueba de amor sea tomar de la mano a una persona aunque te duela, besar un par de labios que digan cosas que no deberían decir, abrazar un cuerpo que se voltee en mitad de la noche y te de la espalda. Puede que el verdadero amor se esconda en seguir incondicionalmente a un ser que parezca no tener el mismo interés en ti.

Y si es así, entonces, que triste realidad, que doloroso amor, que tortuoso amor, que patético amor. Pero que rico cuando nos inunda y no lo podemos evitar, cuando sentimos que nuestro universo gira en torno a ese ser y su fuerza de gravedad nos mantiene a su lado tan firme y tan seguros que más nada importa, y sólo esperamos ese instante, esos dos segundos en los que su rostro gira hacia nosotros y su sonrisa nos ilumina con un nuevo amanecer, aunque sólo sea por un par de segundos, y luego volvamos a la oscuridad y el silencio.

¿Será eso el amor? ¿Y si es así por qué lo buscamos con tanto ahínco? Somos masoquistas, nos encanta sufrir, nos fascina el dolor, sobre todo si es emocional, sentirnos como un cachorrito buscando la aprobación de su dueño y una palmadita en la espalda que nos renueve la ilusión del romance para poder continuar. Y se nos acaba el mundo cuando no la conseguimos, pero seguimos intentándolo.

Que triste realidad, que doloroso amor, que tortuoso amor, que patético amor

abril 20, 2012

Retos Poliamorosos: Balance


Una de las cosas más complejas en una relación poliamorosa es el asunto de los celos, esa espinita que te dice que no estás recibiendo tanta atención como deberías o que simplemente no te están dando la debida participación en la relación. Y quizás sea una de las trabas más grandes en todo tipo de relación. ¿Cómo hacer para evitar que se asome la fea cara de perro de los celos piches y absurdos?

En el caso del poliamor, es una situación compleja. Porque ya no debe darse atención a una sino a dos personas, dos formas diferentes de amar, dos formas diferentes de atención, dos corazones que laten a su ritmo y que esperan sentirse valorados en la misma proporción. Eso es un reto digno de los mejores jugadores de videojuegos, dar amor a uno y al otro sin que ninguno se sienta disminuido o dejado a un lado.
 
Yo, obviamente, no puedo hacer más que estar completamente de acuerdo con esto, es una realidad innegable. ¿Cómo se puede dar amor y atención a dos personas sin que ninguno sienta que recibe menos? Es la pregunta del millón de dólares. Pero si falla la atención entre dos, pues, también puede fallar entre tres, cuatro, diez, veinte o los que sean.

Definitivamente es todo un reto, uno que requiere de astucia, imaginación, delicadeza, iniciativa, entre otras cosas. Y bueno, ya que comenzamos este camino poliamoroso, veremos qué sucede y yo les mantendré al tanto, por si descubro la respuesta para evitar el desbalance en una relación múltiple. Abrazos a todos.

diciembre 15, 2011

Enamórame = Impresióname


Hay una canción de Shania Twain, cuyo video no me gusta para nada, titulada “Eso no logra impresionarme” (“That don’t impress me much”). En esta canción Shania expresaba su deseo de estar con un hombre, no sólo atractivo físicamente, que logre enamorarla en todos los sentidos. Tienes la apariencia, pero no el tacto. (“So you’ve got the looks but haven’t got the touch”)

Y nunca olvidaré cuanto me sentía identificado con esa canción. Los modelos del video, todos eran muy atractivos, buenos cuerpos, buenos rostros, buen carro, buena elección de vestuario, pero fuera de eso no tenían nada más que ofrecer.

No voy a caerle a cuentos a nadie, todos saben que yo soy muy visual, me gusta ver y ver chicos atractivos, bonita sonrisa, bonito cabello, buena elección de vestuario, pero eso es valido para un concurso de belleza o para (MÁXIMO) una noche de diversión.

Lo que realmente me mueve a mí el piso es una persona que tenga VIDA. No me refiero a que esté vivo, hasta ahora creo que todos los chicos con los que he salido han estado vivos (aunque hubo uno que era particularmente blanco y sólo le gustaba salir de noche, pero eso es otra historia). A lo que me refiero es que me gustan las personas que hacen cosas y tienen cosas interesantes que contar.

Quizás por eso no me gustan las relaciones chicle, esas de estar TODO EL DÍA JUNTOS, TODO EL TIEMPO JUNTOS, HACER TODO JUNTOS, esas cosas me aburren, me enferman, me cortan la emoción y me generan una sensación horrible de vacío.

Siempre me enamoro de personas ocupadas, personas que hacen cosas por su cuenta, personas que pasan todo el día en sus propias vidas y que luego en la noche, cuando nos vemos, tienen cientos de historias para contarme. Uff, eso me parece fascinante.

Es justamente eso lo que algunas de mis parejas anteriores han perdido, esa capacidad de impresionarme, y no con regalos, no con pertenencias, no con dinero, ni con promesas, sino con historias, con experiencias de vida, con ideas, planes y proyectos independientes.

Es la razón por la que me gusta viajar, me gusta alejarme a ratos, y sentir que, al volver, hay mucho que contar, mucho que actualizar, muchas cosas que suceden y deben compartirse, para mí EXTRAÑARSE es parte de mantenerse enamorado.

Y es triste cuando se pierde esa chispa del compartir, del conversar, del tener algo nuevo que decir, aunque sea una película, una serie, una historia, un libro, algo nuevo debe haber siempre. Si no, las cosas se enfrían, se oscurecen, se apagan, se mueren.

Quiero novios con vida, con mucha vida, vidas propias, vidas sin mí, vidas que puedan compartir conmigo, vidas que me despierten el interés y me hagan ver lo geniales, interesantes, conocedores e impresionantes que son.

noviembre 26, 2011

¿Cinismo o hipocresía?


Todos somos humanos, todos somos capaces de cometer errores. Pero todos sabemos lo lindo que es aceptar nuestros errores y ser capaces de seguir adelante sin el peso de la conciencia o el remordimiento encima. Y todos sabemos lo fácil que es ver los errores que cometen otros a nuestro alrededor, y lo difícil que es ver los nuestros.

Yo me pregunto: ¿Será cinismo o será hipocresía reclamar por errores que uno mismo comete y que ya le han hecho ver? ¿Será que existen personas tan obtusas que realmente son incapaces de aceptar su parte en los conflictos? ¿Será que realmente no ven o es que no quieren ver?

Y por si se lo están preguntando: Si, hablo de relaciones. Pero no sólo de pareja, hablo de amigos, de familia, de padres, de hijos, de hermanos, de amantes, de culos, de resuelves, de estudiantes, de todos los niveles de relaciones humanas.

¿Por qué llegamos al punto en el que comenzamos a apuñalar a esas personas que nos rodean, lanzándoles críticas y comentarios hirientes, pero no nos detenemos a pensar en lo que yo hago para generar esas situaciones?

Ya lo decía mi madre: Trata a los demás como quieres que te traten. Perfecto. No es difícil de entender. Pero entonces, si me salen con una patada… ¿se la regreso?

Yo solía pensar que todos éramos capaces de hacer introspección y darnos cuenta dónde comencé YO a poner piedritas para que esas personas tropezaran, y a culparlos por esos tropiezos. Ahora creo que no es así, algunos lo ven y les cuesta aceptarlo, algunos lo ven y deciden ignorarlo, algunos realmente no quieren bajar la mirada y darse cuenta que esas piedritas en el camino tienen su firma.

Porque lo más difícil de aceptar en esta vida es que nosotros mismos ayudamos a que esos seres que decimos amar cometan errores, somos nosotros mismos quienes le destapamos el pote del azúcar a las hormigas para luego quejarnos de la invasión.

Quisiera que algunas personas abrieran sus ojos y vieran su desbalance, mientras yo intento resolver el mío.