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octubre 18, 2016

Lo siento Erick

Martes. 3am. De nuevo me había conquistado el insomnio, a lo que ya me he sabido resignar e incluso sacar provecho, así que no estaba para nada mal. Lo primero que me sugirió el cerebro fue revisar el Grindr, si, la app gay; en líneas generales le he perdido toda la fe al proceso de ligue y encuentro al que la mayoría de hombres gay está acostumbrado hoy en día, es decir, sigo disfrutando el sexo y la emoción del primer encuentro, pero mi proceso de búsqueda y selección es más intelectual, más calmado o más profundo, no sabría decirlo con certeza. Tal vez sea cierto y me estoy volviendo viejo y complicado, aun así, lo disfruto y, aunque parezca imposible, siempre termino encontrando alguien que llena mis expectativas.

Entonces, ahí estaba yo, 3 de la mañana, increíblemente frío para una ciudad como Guayaquil, metido bajo las cobijas, evitando ser devorado por los zancudos y hacer demasiado ruido.  Entonces recibo este mensaje. Lo típico: “Hola. ¿Qué tal?”. Me encanta cuando el inicio es sutil, como quien no quiere nada en lo absoluto. Después de un par de minutos aún no habíamos caído en las preguntas básicas (edades, roles, ubicaciones…). La conversación se había ido por las ramas más interesantes, pequeñas preguntas bien pensadas sobre nacionalidades, gustos musicales, gustos en comida, hobbies, historias de viaje y de amores del pasado.

Era impresionante la cantidad de líneas de conversación que se producían una tras otra con fluidez al pasar cada segundo. Luego de un rato por fin apareció la primera pregunta incómoda, para él, no para mí: ¿Y por qué estás despierto a esta hora?”. Mi respuesta era simple: “INSOMNIO, tengo un par de meses con problemas para dormir. Nada grave. Mi cuerpo está reajustándose a nuevos ritmos y aún no encuentra el reloj correcto”, le dije, esperando sonar gracioso.

Hubo un par de segundos de silencio esta vez, entonces llegó su respuesta: “Mi novio me acaba de terminar y no puedo dormir”. Por supuesto yo, de chismoso, metiendo el dedo en la llaga, tenía que preguntarle lo que había sucedido. Así, línea a línea, me enteré de su historia personal de amor y dolor…

Tenían un par de años juntos, típica película que empieza muy bien. Hacía unos meses habían decidido mudarse juntos, pensando que eso fortalecería la relación en un tiempo en el que parecía que todo se había comenzado a enfriar. Ambos se estaban esforzando, aparentemente. Pero el fuego realmente se había extinguido y sólo estaban soplando cenizas al viento. Entonces llegó un empleo tras otro, el éxito laboral que te aleja de casa y te mantiene ocupado días y noches enteras, la distancia era evidente entre los dos, aun compartiendo la misma cama ya se sentían como dos mundos orbitando en direcciones opuestas.

“Entonces, hoy salí de la oficina a golpe de la una de la mañana, conduje a casa, subí al apartamento y encontré una nota sobre la cama: ‘Te deseo lo mejor, yo buscaré mi felicidad, espero encuentres la tuya’. No puedo decir que no lo veía venir. Pero pensé que habría un proceso de diálogo al menos. En fin, abrí una botella de vino y aquí sigo despierto. Todas sus cosas desaparecieron. Y, aunque apenas podía llamar relación a lo que teníamos en los últimos meses, igual siento que he perdido una parte de mí. Como que me falta algo. La cama se me hace demasiado grande.”

Debo admitir que fui yo el salido que le preguntó si quería compañía. No estaba seguro de cómo lucía este hombre, pero sentí que le vendría bien conversar y desahogarse. Así que hice un poco de presión, un par de ofertas que incluían compañía, música suave y oír todo lo que tuviera que decir en perfecto silencio y absoluta atención.

Diez minutos después me encontraba caminando por las calles de Guayaquil en dirección al centro de la ciudad. A encontrarme con un perfecto desconocido. Llegué al sitio pactado para el encuentro y observé la hora en el móvil, 4.15 am. Caminé demasiado rápido y llegué cinco minutos antes, pensaba que el sitio quedaba más lejos.

Entonces veo un auto acercarse, el número de placa me indicaba que era él. Se me acelera el corazón, más de miedo que cualquier otra cosa, podría todo haber sido mentira y estar a punto de irme al apartamento de un loco, un asesino en serie o algo peor. Él se detiene frente a mí y abre la puerta del lado del pasajero, me subo y me recibe una mano en gesto de saludo, esperando el primer apretón entre dos seres insomnes. Lo observo sonreír, es más guapo de lo que pensaba que sería, su cabello oscuro y liso cayendo un poco hacia ambos lados, sus dientes derechos, sus labios pequeños, nariz perfilada, ojos color café.

“¿Siempre vistes así para tus encuentros de madrugada?”, le pregunto mirando sus zapatos de vestir, pantalón y camisa negra abotonada hasta el cuello tras una corbata azul marino. “No”, responde él, “ni siquiera me he cambiado desde que salí de la oficina. Que pena contigo”. Nos fuimos a su casa, conversando sobre el viaje desde Venezuela y los retos de renunciar a todo para obtener el mundo.

Llegamos al apartamento, comenzó ofreciéndome vino, pero ya había tomado lo que había, así que luego fue cerveza o jugo de naranja. Acepté el jugo. Nos sentamos a conversar, primero de sus propios viajes, sus proyectos, su colección de maquetas de diversos proyectos en los que ha trabajado, su fascinación por el cine de ficción y la ingeniería de vanguardia. Pero era inevitable el tema de su relación, en cada tema, en cada detalle, en cada rincón del apartamento algo le recordaba a quien se acababa de marchar de su vida. Poco a poco fuimos pasando de lo curioso a lo personal, a lo triste, a lo nostálgico. La luz de su sonrisa y de sus ojos se iba apagando.

Entonces, de la nada, resolvió por ducharse para estar más cómodo y presentable. Me quedé sólo, sentado en su cama, mirando por la ventana las líneas de la ciudad, sorbiendo del exagerado vaso de jugo que me había servido y picando ocasionalmente la bolsa de maní salado que había abierto para mí y que parecía tener años guardada.

Cuando volvió de la ducha me pareció mucho más guapo que cuando me recogió en el auto. Su cabello húmedo parecía más oscuro contra su piel blanca y realmente se veía mucho más joven con su mono y franelilla que de camisa y corbata. Entonces se tiró en la cama junto a mí, preguntando por mis historias de amor personales, tratando de distraerse de la suya propia supongo. Le conté de mis amores, de poliamor, de cuánto seguía queriendo a algunos de mis ex, de lo mal que había pasado con algunos rompimientos y lo poco que me habían importado otros.

5.30am. “¿Te quedas a dormir conmigo?” preguntó de repente, interrumpiéndome en medio de un monólogo sobre celos y mentiras. “Seguro”, le dije, “me parece bien”. Me ofreció una camiseta y un short para dormir, entonces nos metimos en la cama. Rápidamente puso sus brazos a mi alrededor y me apretó contra su pecho. Yo estaba de espaldas, sintiendo su respiración en la nuca y sus pies fríos contra los míos. El sueño nos invadió a ambos. “Lo siento Erick”, murmuró de repente, “no te hice feliz como quería. Yo también espero que encuentres lo que buscas. Gracias por todo lo bonito que me diste y por ayudarme a ser mejor. Te amo.”

Me fue difícil contener un par de lágrimas antes de caer dormido. Pero me sentí muy bien de hacer esta conexión, de ofrecer mi tiempo y mis oídos para traer paz a la vida de alguien, al menos por una noche, o un amanecer.


Cosas que pasan cuando el insomnio ataca en Guayaquil.


septiembre 29, 2015

La primera cicatriz

Yo tenía 11 años cuando comenzamos con estos juegos. Él tenía 14 y me contaba cómo había perdido la virginidad. Yo todavía no estaba seguro lo que eso quería decir, pero me sonaba como algo místico y poderoso, algo que le había cambiado la voz, la expresión del rostro y hasta la forma de jugar conmigo.


Me decía que había sucedido en el liceo, con una chica de otra sección, él tenía 13 y ella 16. Lo tomó de la mano, lo metió en uno de los baños y comenzó a besarlo. Le dijo que la esperara a la salida y que le mostraría algo muy rico.


Él hizo caso y la esperó, diciéndole a su madre que iba a casa de un compañero que lo había invitado a almorzar. No estaba seguro lo que iba a suceder, pero la curiosidad le quemaba la piel. Ella salió y le hizo señas para que la siguiera.


Llegaron a su casa, ella soltó su bolso y se soltó el cabello, lo llevó a uno de los cuartos y lo tiró en la cama desnudándose con prisa y quitándole la ropa a él también. Comenzó a besarlo y a tocarlo por todos lados. “Se sentía muy suave su mano”, me decía él, “me hizo con la mano y con la boca, pero cuando se me sentó encima fue lo máximo”, y yo lo miraba en shock mientras él me hacía gestos con las manos para ilustrar de lo que hablaba.


Yo tenía 11 y estaba escuchando a este chico contarme su primera vez, habíamos sido mejores amigos desde niños, creciendo juntos, jugando a los mismos juegos y teniendo muchos secretos. Cuando terminó su historia tenía una confusión de sentimientos dentro de mí, un poco de nervios, de expectativa, de miedo, de angustia, y un poco de celos también. Creo que él se dio cuenta de esto último, pues me tomo la mano, entrelazando sus dedos con los míos, y me dijo: “pero tú sigues siendo la persona que más quiero en este mundo”. Y esa fue la primera vez que presionó sus labios contra los míos. Los celos se desvanecieron y me sentí morir y renacer en ese beso.


Un año después, habíamos cruzado muchos abrazos, besos y caricias, habíamos dormido juntos gracias a “la inocencia infantil” que mantenía a nuestros padres lejos de cualquier sospecha, y nos habíamos declarado toda clase de amores por encima de lo que conocíamos. Sin embargo, él seguía viendo a esta chica, lo seguían haciendo, yo lo sabía aunque él apenas tocaba el tema; no eran novios, sólo era algo físico, el mero placer sexual sin frenos, lo entiendo ahora.


Esa noche hubo una especie de tormenta, de esos climas locos que se dan en esta ciudad y que parecen sacados de una película de fin de mundo. Llovía mucho y había truenos y viento muy fuerte. Ese día habíamos decidido ir al cine juntos, sus padres estaban de viaje, un niño de 15 años sólo en casa que decide pasar sus días con otro niño de 12. La lluvia nos atrapó saliendo del cine y decidimos divertirnos con eso y caminar bajo la lluvia.


Cuando llegamos estábamos empapados y nos metimos a la ducha, por separado, y luego directo a la cama, ambos temblábamos de frío, yo además temblaba con cada trueno, él me abrazaba fuerte, yo adoraba el olor de su piel y su calor.


Él comenzó a sobarme los brazos y las piernas para darme calor, luego comenzó a besarme, yo lo seguí voluntariamente, sus manos comenzaron a bajar la velocidad e intensidad para convertirse en caricias. Yo estaba nervioso, no sabía lo que sucedía, pero quería seguirle el ritmo y hacer todo lo que él quisiera, lo amaba, aunque no lo supiera en el momento, no había forma para mí de entender lo que era el amor o el estar enamorado.


Me quitó la poca ropa que tenía y se quitó la suya después. El roce de su cuerpo se sentía como la gloria, era el calor perfecto sumándose a sus manos y a sus besos. Fue mi primera vez. Lo hicimos de todas las formas que consideramos que se podía hacer, aunque reconozco que me hubiese gustado conocer el lubricante en aquel entonces. Pero igual fue una gran experiencia, lo hicimos durante horas, hasta que nos cansamos, hasta que nuestros cuerpos ya no respondían más, hasta que habíamos descubierto cuán intenso era un orgasmo, hasta que habíamos mojado la cama con sangre, sudor y semen.


Lo amaba, con todas mis fuerzas. Y me rompió el corazón cuando se fue 18 meses después. Fui a despedirlo al aeropuerto, nos dimos un último beso en el baño y nos declaramos la libertad plena el uno al otro. Habíamos jurado no estar con nadie más mientras estuviésemos juntos, pero la distancia que nos iba a separar convertía ese juramento en una farsa.

Fue la primera persona que se llevó un pedazo de mi corazón. La primera de muchas cicatrices e historias. Yo, un chico de trece años, llorando por su primer amor perdido.




agosto 08, 2013

Me hundo

Me hundo, puedo sentirlo. Es como si las sombras se hiciesen cada vez más grandes, cada vez más fuertes, como si la oscuridad fuese ganando más y más terreno.

Y entonces… palabras tras palabras, errores tras errores, lágrimas tras lágrimas. Cada vez más hondo y cada vez más oscuro.

Es como estar atrapado en un remolino, no sé nadar, el agua oscura, turbia, fría me arrastra de un lado al otro, y yo simplemente me rindo a su fuerza, me dejo llevar, me dejo hundir, me dejo arrastrar.

Y oigo el grito ahogado de mi alma pidiendo ayuda, pidiéndome que luche, que sonría, que me esfuerce, que haga más… pero son gritos en vano, hace rato que el agua me cubre los oídos y su ruido es mucho más fuerte.

Sólo logro ver las nubes oscuras agolpándose cuando el viento me da un respiro y el agua me deja subir un poco, como si se burlase de mí, como si me tentara a luchar un poco más antes de recordarme que no tengo fuerzas para hacerlo.

He perdido todo, he perdido la sonrisa, he perdido las ganas, he perdido el deseo, he perdido el norte, arriba y abajo parecen iguales a mis ojos y a mi mente. Me siento abandonado, solo, perdido, la oscuridad lo es todo, el frío lo es todo, el ruido de las aguas implacables lo es todo.

Y me hundo…

Y me hundo…

Y…


febrero 09, 2013

Recuerdos sin futuro


Hoy me levanté lleno de nostalgia
Lleno de recuerdos que nunca llegamos a construir
Lleno de lágrimas por un futuro que nunca salió de nuestras mentes
Recordando quizás tus besos mientras oíamos la lluvia caer
Y como cada gota de lluvia nos hacía sentir más vivos
Mientras tu piel y la mía encontraban el camino para convertirse en una sola
Recordando quizás nuestros labios encontrándose salvajemente
Esos deseos frenéticos de devorar tu cuerpo, de sentir que eras mío
Imaginando un tiempo en el que mis primeras luces fuesen a tu lado cada día
Imaginando un futuro en el que tus “buenos días” fuesen mi despertador más anhelado
Recordando quizás tus locos abrazos y su asfixia amorosa
Ahogándome en el aroma de tu piel
Y quemándome con la tibieza de tu cuerpo
Recordando quizás tus atenciones, tus detalles, tus sonrisas
Y como lo más sencillo parecía iluminar mi vida con la potencia de mil soles
Como tu cariño y tu voz eran lo único que necesitaba para sonreír
Como tu presencia reemplazaba mi aire y me hacía respirar más profundo
Recordando el dolor de tu corazón roto
Recordando el luto del mío
Recordando tus palabras, a ratos tan sabias, a ratos tan sarcásticas o sin sentido
Pero todas fugaces, como deseos arrojados al aire sin dirección
Como quisiera recordarlas todas y cada una, atesorarlas como al ave más exótica
Pero tus “te amo”, son los que más protegería, son los que más debí proteger
Como preciosas aves del paraíso, como la más rara especie y la más fugaz
E imagino un tiempo en que esos “te amo” acompañaran mi café
En que un “te amo” marcaría el fin de cada día y el comienzo de uno nuevo
Y más aún, en que ese “te amo” nos acompañaría a lo largo de canas y arrugas
Hoy me levanté extrañando un futuro que nunca llegó
Hoy me levanté extrañando un pasado que debo soltar porque me quema las manos
Hoy me levanté extrañando un presente que asesinamos juntos
Tú, y yo, y esos “te amo” que se nos escaparon por la ventana
Hoy me levanté extrañándote, a ti, a él, a todos y cada uno
Hoy me levanté extrañando algo
Algo que, poco a poco, se vuelve tan efímero y tan fugaz como esos recuerdos
Recuerdos que nunca llegamos a construir


agosto 21, 2012

Tengo miedo


Tengo miedo de que nuestra historia no tenga un final feliz. Que nos demos cuenta que no hay príncipes azules, ni gatitos encantados, que “felices para siempre” no está en nuestro camino.

Tengo miedo de repetir tus historias o repetir las mías. Que el pasado nos alcance y tumbe lo que hayamos construido, que no seamos capaces de dejar viejas costumbres y manías para mirar juntos hacia un nuevo futuro.

Tengo miedo de ser quien se enamore más y pierda al final. De esforzarme por dar lo mejor de mí y recibir silencios y vacíos, de ponerte en mi primer lugar y ser solamente un accesorio, de intentar ser romántico y dulce para estrellarme contra un muro de hielo frío y duro.

Tengo miedo de ser una sombra, un secreto, de que me mantengas escondido como si estorbara o te avergonzara. Que nunca pueda ser romántico y espontáneo sin temor a enojarte, ofenderte o parecerte imprudente. Que esto que vivimos se mantenga debajo de la mesa, como si no existiera. De vivir ese frío doloroso de ser sólo “un amigo” frente a todos.

Tengo miedo de que nunca logres conocer mis estados de ánimo con sólo mirarme a los ojos. De que no logremos compenetrarnos y realmente saber lo que nos pasa, de ser incapaces de abrir nuestra mente y nuestro corazón sin miedo, de tener que fingir cada palabra, cada gesto, cada acción para que todo esté bien.

Tengo miedo de no ser suficiente, de que mires en otra dirección y te des cuenta que hay otras ofertas mejores en el mercado. Que la curiosidad, el gusto, el interés o la distancia le ganen a todo lo que hemos compartido y se me repita la película triste. Pero también de que te esfuerces por estar a mi lado cuando realmente no eres feliz y no soy lo que quieres, cuando no puedo darte la vida que sueñas o la que esperas para ti.

Tengo miedo de que no seamos tan compatibles como pensamos y terminemos pisoteando las ideas y los sueños del otro. De que para poder ser felices juntos tenga que diluirme por completo y dejar de ser yo mismo. De que me toque decirte que “si” a todo para poder mantenerte contento y a mi lado. De ver mis ideas como baratijas infantiles que no llenan tus expectativas.

Tengo miedo de lastimarte, pero tengo miedo de lastimarme a mí también.
Tengo miedo de perderte, pero tengo miedo de perderme a mí mismo en el proceso.
Tengo miedo de esforzarme y quedarme sólo en el intento.
Tengo miedo de tantas cosas. Tantos miedos rondando mi cabeza.
Algunos mueren y renacen con más fuerza.
Algunos ceden su espacio a otros.
Pero ahí estoy, un manojo de historias depresivas que se repiten y continúan.
Un manojo de miedos que se rehúsa a volar porque ya se ha caído muchas veces.
Un manojo de inseguridades que decidió vararse a la orilla del camino porque ya se ha equivocado de camino una y otra vez.

julio 22, 2012

Contigo aprendi


Nunca quise lastimarte. Nunca pretendí mentirte.

Sentí el calor de tu amor como el sol brillante de las mañanas cubre el mundo.
Sentí tu compañía y tu abrazo que me hicieron sentir seguro y vivo.

Aprendí contigo de paciencia y tolerancia, de convivencia, de manías y pasiones sin freno.
De ladrillos que se van amontonando y crean altas torres para ver los caminos distantes.
Aprendí contigo a darlo todo, hasta lo que no tengo.
Dejarme caer en el vacio y confiar en que unos brazos estarían allí para atraparme.
Contigo recordé lo que es sentirse como un niño, viendo el mundo por primera vez.
Recorriendo calles y avenidas como si nunca antes las hubiese visto.
Contigo aprendí a ser más yo mismo. Contigo recordé mis metas y mis fracasos.
Contigo descubrí nuevas fuerzas y abrí nuevas puertas.
Contigo crecí, contigo forje un nuevo camino.
Pero el tiempo que lo juzga todo y que no perdona nos hizo ver que no todo era perfecto.
Que los errores se pueden acumular y hacerse más pesados que cualquier otra carga.
El final se acercaba.
Y el aprendizaje llegaría a su final, para luego tomar nuevos senderos.

Este camino juntos ha terminado, pero muchos otros se abren frente a nuestros ojos.
Aunque nos duela, tenemos que aceptar la realidad.
Nuestra flor se ha ido ya, la ahogamos con pesares y ahora las lágrimas bañan su tierra.

Sigues brillante, como el sol, sigues siendo fuerte y grande, como esas torres de ladrillos.
Pero ya no brillarás para mí, ni serás mi atalaya.
Tus murallas y tu luz encontrarán un nuevo querer.
Porque no hay espacio en este mundo que no puedas alcanzar con tu sonrisa.
Porque no hay silencio que no puedas romper con el valor de tus palabras.
Porque no hay corazón de oro como lo es el tuyo.
Simplemente se acabo mi tiempo a tu lado.

octubre 16, 2011

Amores regados


Uno va dejando amores por ahí regados,
Entre balcones, habitaciones de hoteles y tejados,
Entre sabanas, almohadas y cojines,
Entre playas, olas y delfines.

Uno va dejando pedacitos de su corazón en otros pechos,
Y enredándose la vida con segundos de despecho,
Con lágrimas que mueren a los segundos,
Para rendir honor a los amores más fecundos.

Uno sufre, ríe y ama con intensidad,
Porque sabe que no habrá otra oportunidad
De probar semejantes labios y pieles,
De sentir esos olores y placeres.

Uno va sembrando recuerdos profundos
En corazones ajenos de otros mundos,
Y va guardando como el más preciado tesoro
Pequeñas pasiones brillantes como el oro.

Esto va para mis amores regados
Y para aquellos que aun no han llegado;
Para mi corazón en Chile al sur del continente
Y para los de México que siguen en mi mente;
Para la calurosa Barinas, ahí tan cercana
Y la pasión en Perú que se ve tan lejana;
Estados Unidos, España y Argentina
Y hasta Caracas, ciudad divina.

Para todos los amores que he dejado ir,
Todas esas pasiones que pude vivir,
Todos esos besos dados sin temor,
Sin daño, ni herida, sin ningún rencor.
Esto va para esos flechazos temporales de Cupido
Y para que me recuerden, sólo eso les pido.

junio 03, 2011

Descansa en paz Sir Tony D'Cat

Hoy enterré a uno de mis mejores amigos.

Él no hablaba, pero siempre sabía llamar mi atención; estaba cerca cuando me sentía mal, siempre cuidándome, haciéndome compañía.

Él conocía todos mis secretos, mis lágrimas, mis risas, mi alegría y mi dolor.

Él siempre trataba de estar cerca de mí, de ganarse mi afecto y de ayudarme a mantener la calma.

Era un excelente confidente, aliado, enemigo, hijo, hermano, compañero, amigo, alumno y maestro.

No era solo una mascota, era un espíritu enlazado con el mío. Si dicen que las brujas siempre tienen un animal que las acompaña y las guía, el era mi guía.

Y fue muy triste decirle adiós, verlo esfumarse entre mis manos hasta quedar inmóvil, mudo, inerte.
Y fue muy triste dejarlo ir, verlo rendirse ante el sueño eterno.

Y fue muy triste ceder su cuerpo a la tierra, ver sus ojos perder el brillo, ver su respiración detenerse por completo.

Hoy enterré a uno de mis mejores amigos. Pero solo enterré su cuerpo, porque su presencia y su huella en mi vida seguirán vivos para siempre.


DESCANSA EN PAZ SIR TONY D'CAT

mayo 19, 2011

Quizás...

Quizás si nos hubiésemos conocido más tarde.
Quizás si yo hubiese tenido la madurez para aceptar mis errores.
Quizás si hubieses huido antes de ese yugo materno, pesado, como anclándote a su puerto.
Quizás si la noche nos hubiese cobijado eternamente y el día hubiese cedido ante la pesadez apasionada de tu cuerpo sobre el mío.
Quizás si me hubiese enredado más fuertemente entre los hilos de tus sueños y tu cabello aún inocente.
Quizás si hubiese aprendido a ignorar el pasado y mirar junto a ti hacia el futuro.
Quizás si me hubiese entregado sin vacilaciones al calor de tus labios y el brillo de tus ojos.
Quizás si hubiese sido sincero conmigo mismo.
Quizás si hubiese tenido el valor de reconocer la falta que me harías y el tiempo que tardaría en superar el fantasma de tu ausencia.

Quizás todo sería distinto.
Quizás ahora seguiría probando tus besos, ahogándome en el aroma de tu piel y derritiéndome entre el calor de tus brazos.
Quizás seguiría amarrado a la loca ilusión de tu sonrisa, brillante como la luna e igual de sincera e hipnotizante.
Quizás seguirías siendo mi razón de luchar, mis ganas de enfrentarme al mundo y gritar lo que sentía por ti a los cuatro vientos.
Quizás la lluvia seguiría acompañando el calor de tu respiración sobre mi pecho.
Quizás no serias solo un recuerdo distante de épocas felices del pasado.

Aunque te falle.
Aunque te dejé ir.
Aunque intenté olvidarte.
Aunque ya no quise luchar más.
Aunque te grité.
Aunque aprendí a despreciarte.
Aunque me esforcé por ignorarte.
Debo reconocer que te amé.
Y tu huella, quizás no se irá jamás.