Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas

junio 23, 2015

Las Tres Escalas del Atractivo

Estaba conversando en estos días con un amigo, bueno, digamos que es un amigo para no entrar en detalles incomodos e innecesarios, pero conversábamos sobre lo que hace a una persona interesante y atractiva.

Bien es cierto que entre gustos y colores, bueno, ustedes saben el resto, pero hay de todo y para todos. Jamás una persona podrá considerarse completamente fuera del juego de las relaciones y los amores en esta vida, pues todos tenemos algo que otros pueden estar buscando, algo así como las piezas de un rompecabezas, en el que uno le brinda una parte de si al otro.

No entraré en detalles de conquista o de fines amorosos, porque no es el propósito de esta entrada. Pero es interesante ver como una cosa y la otra se pueden ir combinando para definir lo que buscamos o lo que esperamos encontrar en una futura pareja. Es decir, depende de lo que realmente queramos, será que realizaremos nuestra búsqueda del amor.

Ahora, al grano, según mi teoría personal, existen tres cosas que pueden sumar atractivo a una persona, digamos tres categorías distintas de atractivo, tres escalas de puntuación, tres cosas que te hacen llamativo, que te hacen destacar por encima de otros y que te ponen entre los primeros resultados de cualquiera en búsqueda de amor y compañía.

Estas son: Independencia. Cultura. E imagen.

Independencia: ¿Aún vives con tus padres? ¿Dependes de una beca para subsistir? ¿Tus platos y cubiertos son todos de plástico o de cartón y han sido recolectados de fiestas de vecinos y amigos? Algo que te puede sumar muchos puntos de atractivo es tu capacidad de responder ante las necesidades de la vida por tu cuenta, sin depender de la caridad, de la beca o del bolsillo de tus progenitores. Si tienes un trabajo estable, una carrera universitaria, vives por tu cuenta y además eres capaz de ahorrar algo de dinero al menos para una cena en la calle al mes, ya vas dando la talla en la primera escala de atractivo. Pues bien dicen los viejitos que amor con hambre no dura. El corazón y los sentimientos son importantes, pero aún más importante es demostrar la estabilidad que tienes en tu vida y que eres capaz de brindar o compartir con esa persona que esperas mantener junto a ti.

Cultura: ¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Cuántas sagas del cine has visto? ¿Te has enterado de los últimos hallazgos de la NASA? ¿Te mantienes al día de una o varias series de TV? La segunda escala de atractivo depende mucho de lo que leas, veas, escuches, lo que hagas en tu tiempo libre o la profesión que ejerzas, tus hobbies y pasiones. Algo común es considerar a la gente físicamente atractiva como un montón de cabezas huecas, ir al gimnasio puede ser divertido, pero no te da algo de qué hablar. Un buen revolcón en la cama puede durar un par de horas, pero al terminar todos se paran, se visten y se van porque quedarse a pasar el rato contigo es sinónimo de ABURRIDO. La escala de cultura mide lo interesante que puedes ser, lo fascinante que es hablar contigo y redescubrir el mundo. Dicen por ahí los sapiosexuales que el atractivo llama, pero la mente enamora. Así que cultivar conocimiento científico, académico, cultural y, por qué no, un poco de farándula también, puede darte excelentes resultados.

Imagen: ¿Vas al gimnasio? ¿Sales a trotar? ¿Bailas? ¿Practicas algún deporte? ¿Te vistes con la ropa que te regaló tu abuelita o eliges cosas según tu gusto particular? ¿Sabes algo de tendencias y combinaciones? ¿Tienes idea de lo que es un desodorante y una ducha de verdad? ¿Has pensado en las palabras DEPILACIÓN o ACONDICIONADOR? Está bien, no podemos ser tan superficiales y dejar que la imagen defina lo que somos y quiénes somos, pero una mentira común que nos hacemos a nosotros mismos es que todo depende de lo emocional y lo mental cuando sabemos que no es cierto. En el fondo todos queremos encontrar a alguien que consideramos físicamente atractivo, que al despertar cada mañana veamos su rostro y sintamos la dicha de tenerle a nuestro lado; que salgamos a la calle de la mano y otros le vean con interés y, sabiendo que eligió nuestra compañía antes que la de cualquier otro, nos llenamos de orgullo; que cuando estemos en la intimidad con poca o nada de ropa le veamos y pensemos POR TODOS LOS DIOSES QUE SEXY! Entonces esta tercera y última escala tiene que ver con nuestro cuerpo y nuestras elecciones en ropa y accesorios. Fíjense que es la última de las tres, para evitar parecer muy plásticos, pero igual es importante. Esto es como un trípode, sin un lado, se cae todo el interés.

Entonces, debemos medirnos nosotros mismos en cada una de las tres escalas.

Independencia: ¿Qué tan independiente soy? ¿Qué tan responsable, cumplidor, productivo y estable puedo ser? ¿Y puedo brindar esa misma estabilidad a otra persona junto a mí? ¿Podemos construirla juntos?

Cultura: ¿De qué temas puedo conversar? ¿En qué temas soy muy bueno? ¿Qué temas desconozco por completo? ¿Qué actitud tomo ante un tema nuevo para mí? ¿Qué tan abierto estoy a aprender de otros y a enseñar lo poco o mucho que sé de ciertas áreas?

Imagen: ¿Cuido mi cuerpo? ¿Trato de verme lo mejor posible? ¿Sé que hay que hacer ciertos cambios pero los evito por miedo? ¿Me arriesgo a probar nuevas cosas en mi imagen o me mantengo dentro de la misma zona siempre? ¿He probado nuevas cremas, nuevos peinados, nuevos estilos, nuevos accesorios, zapatos, cartera, lentes, maquillaje? ¿Tomo algún consejo de la televisión o las revistas en cuanto a imagen y estilo?

Todas son preguntas muy válidas y, al final, estas tres categorías serán las que proyectarán tu imagen a los ojos de los demás, y en la dirección en la que enfoquemos cada categoría saldrá a relucir una parte de nuestra personalidad. Unos preferirán ciertos aspectos de independencia sobre otros, ciertos temas de cultura sobre otros y ciertos deportes o tendencias de la moda sobre otras.


Es importante sentirnos cómodos con nuestro cuerpo y nuestra personalidad, pero así como el universo está en constante cambio y movimiento, también nosotros debemos unirnos a ese baile universal y transformarnos con el tiempo para sacar a relucir lo mejor que tenemos ante el resto del mundo.

agosto 21, 2011

CouchSurfing


Hace años, en un momento de necesidad, descubrí un sitio web llamado CouchSurfing, una comunidad global para personas que todavía creen en las personas y en su capacidad de brindar ayuda desinteresada a quien lo necesite.

A través del sitio contacté algunas personas en Canadá, y ya desde ahí todo fue una locura, había tantas personas dispuestas a recibirme y brindarme el mejor trato y atención posibles. Pero debía elegir, y eso hice, comparando la información de los perfiles y viendo lo más adecuado según mi personalidad y mis necesidades del momento. La experiencia fue inolvidable, no se limitaron a recibirme en su casa, sino que me trataron como parte de la familia, como un hijo que regresa a casa después de un largo tiempo. Y para siempre los tendré en mi mente como una especie de padres adoptivos a distancia.

Al volver a Venezuela, sentí que lo más apropiado sería devolver al universo la cantidad de favores, bendiciones y cosas positivas que había recibido, me decidí a ser más activo en el sitio, participar en las discusiones, en las reuniones, recibir más personas en mi hogar y tratar de brindarles la mejor atención posible. Pero descubrí que, aunque los miembros del CouchSurfing cumplían con su propósito de servir de guías y anfitriones, como todo en esta vida, no estaba exento de las cagadas frecuentes en el resto de las redes sociales y sistemas organizacionales a nivel mundial.

Lo primero que uno se consigue son “LOS TÍPICOS XENOFÍLICOS”, que lo primero que ven es la procedencia de las personas, dando preferencia a los europeos y norteamericanos como si fuesen mejores que todos los demás, o como si dejaran flores y billetes en el baño. Quizás les falta la experiencia de compartir con personas de otras partes del país y darse cuenta que hay mucho que aprender entre nosotros mismos.

Luego están “LOS DONJUANES” (y las también), que creen que cada huésped es la oportunidad de conseguirse una esposa o un marido que lo lleve consigo fuera del país a una vida de ensueños y riquezas. Quizás deberían aprender a valerse por sus propios medios para encontrar el fin de su soledad (o de su “verano”) y sus oportunidades de progreso.

Después vienen “LOS PARÁSITOS”, esos que creen que ser anfitrión es sinónimo de ser esclavo, y piensan que un buen anfitrión es el que deja de comer, de trabajar, de estudiar, en fin, de vivir, para andar pendiente de las necesidades de sus huéspedes. Quizás estos deberían cotejar el ser recibido en casa de un conocido con esa idea de aventura, de arriesgarse y explorar (que al menos una consulta sobre sitios recomendados podrán hacer donde lleguen y es perfectamente válido).

Siguen “LOS VISITANTES DE LUJO”, que quizás es que les da flojera leer los perfiles antes de enviar las solicitudes de hospedaje, o quizás no han terminado de entender que en el CouchSurfing la gente ofrece sus hogares, con lo poco o lo mucho que puedan tener para recibirles, y llegan esperando comidas especiales, los mejores servicios y las más finas comodidades. Quizás a estos les vendría bien recordar que existen hoteles y posadas.

Además están “LOS SEDIENTOS DE PODER”, que creen que el sitio les va a ofrecer los contactos con Bill Gates o Donald Trump y se van a arreglar la vida, y entonces, los títulos que se les otorgan se les suben a la cabeza y creen que son mandatarios nacionales, necesarios para representarnos en asuntos de vital importancia. Como si un miembro más o menos en alguna ciudad pudiese causar una guerra mundial o una hambruna, un fallo en la economía global o la proliferación de algún tipo de peste. Quizás estos deberían recordar que su misión es apoyar el desarrollo de la red y animar a más personas a participar, proporcionar ayuda y guías para experiencias más completas y positivas en su país o ciudad.

Y finalmente, porque no hay grupo, organización o club en Venezuela que no sufra de la presencia de “LOS APÁTICOS Y/O INGRATOS”, aquellos que usan el sitio sólo cuando ellos lo necesitan, o que se limitan a recibir a las personas en su casa y sienten que eso ya es demasiado favor, lo que pase después con el huésped no es su problema, ni les interesa. Quizás deberían ser recibidos por gente como ellos, para que lleven una cucharada de su propia medicina.

Yo se lo que muchos estarán pensando al terminar de leer esta entrada. ¿Qué hago yo como parte del CouchSurfing para cambiar o mejorar algo de esto? Nada. Porque para mi la experiencia del CouchSurfing no consiste en ganar poder o acumular rangos y referencias, en organizar mejores eventos, ser el alma de la fiesta o proyectarme hacia fuera del país. No busco amores, ni servidumbre, ni selecciono a mis huéspedes por su procedencia o cantidad de efectivo o su atractivo.

Para mi el CouchSurfing es una oportunidad excelente de ejercitar la hospitalidad, la bondad y la amistad; es un método genial para hacer nuevas amistades, comenzando en mi propia ciudad y mi país; es una ventana para conocer el mundo a través de los ojos de quienes llegan a mi y requieren mi ayuda; es una forma de generar energías positivas en el universo y recibir la dicha de un abrazo y una sonrisa agradecida, y la bendición de sentirme capaz de cambiar la vida de las personas compartiendo un poco de la mía.

Los invito a conocerlo: www.couchsurfing.com

agosto 10, 2011

FAQS #1

Si, han pasado varias semanas desde mi última entrada. La verdad, no es que no haya tenido nada que quisiera escribir, sino que he estado bastante ocupado. No caeremos en detalles curriculares por ahora, pero si, he tenido muchas cosas que poner al día, asuntos pendientes que salvar y compromisos a los que atender sin excusa.

Pero el día de hoy me decidí a escribir una nueva entrada, pensando en situaciones de la vida diaria de un chico gay, sobre todo cuando está rodeado de tanta gente heterosexual.

Verán, el primer problema de todo heterosexual cuando está frente o cerca de una persona gay, es creer que sólo por lo que ha visto en películas, en televisión o lo que ha escuchado en la iglesia o de sus padres, ya sabe todo lo que hay que saber sobre los gays.

Y es que realmente piensan que todos somos exactamente iguales los unos a los otros. Como si existiese un patrón gay universal y todos pasamos por ahí antes de nacer. Es una especie de falta de cultura general, pues lo que realmente hace gay a una persona es el objeto de su deseo afectivo y sexual. Es decir, somos gay porque, siendo hombres, nos gustan los hombres. Pero eso no resta cualquier otra calidad de hombría o de humanidad, igual debemos trabajar, comer, ducharnos, estudiar, hacer deporte y muchas cosas que todo el mundo hace.

Entonces, así como no existe un patrón heterosexual, por el que uno pudiese definirlos absolutamente a todos, tampoco existe un patrón homosexual por el cual guiarse. Simplemente somos diferentes en lo que nos mueve el piso, pero el resto lo construimos exactamente igual. Y así como hay heterosexuales muy cavernícolas y otros muy elegantes, algunos adictos al deporte y otros fanáticos de conciertos de música clásica, también hay gays en todas esas categorías y con todas esas mismas pasiones.

¿Que hay gays afeminados? También los hay muy masculinos, con barba y vestidos de traje y corbata. ¿Qué hay gays muy buenos peluqueros y decoradores? También los hay que no saben combinar su ropa y eligen su marcha de champú por el que usaron desde niños.

Lo que intento decir es que realmente no existe una forma de encasillar a las personas por algo tan general como su orientación sexual o un gusto en particular. Una sola persona puede tener tantos gustos tan variados y tan aparentemente contradictorios, y aún así no perder la pasión por ninguno de sus placeres personales.

Ya es tiempo de ir superando los estereotipos.

junio 14, 2011

Abro mis alas

Trataré de no divagar, y de hacer esto breve. El punto aquí, es que entre tanto que uno lee, entre tanto que uno conversa, conoce, aprende, experimenta, prueba y vive, se va dando cuenta poco a poco de muchas realidades que seguimos como simples borregos detrás de un pastor, con una falsa idea de originalidad, de ser únicos, diferentes, especiales, y no miramos ni a un lado ni al otro para darnos cuenta que no hacemos más que seguir el patrón en el que hemos sido criados, aunque nuestro corazón y nuestra mente griten con desespero que vayamos en una dirección diferente.

Somos latinoamericanos, y el drama es el pan nuestro de cada día. No sabemos vivir, ni dejar vivir a otros sin hacer criticas, sin intentar destruir a aquel que consideramos errado, descarriado, hereje, traidor, inmoral, raro, diferente, fenómeno y paren ustedes de contar. Pero no lo destruimos porque realmente lo consideremos mal, lo destruimos porque en su libertad, en su locura, en su “error” vemos el reflejo de nuestros propios deseos de ser libres, de expresar los más profundos deseos de nuestra piel, de nuestros labios, de nuestro corazón, nuestra mente y nuestra alma sin miedos y dejar salir todo aquello que reprimimos con tanta violencia para no ser vistos fuera del rebaño.

Y en su instante de luz, de magia, de libertad, cuando agitan las alas con la mirada en el cielo y despegan de esta triste y sombría realidad hacia los mundos más allá de nuestra comprensión y nuestro alcance, cuando logran conectarse con ellos mismos y olvidar el resto del universo, allí, cuando realmente se encuentran con ellos mismos y con lo que se esconde en el lugar más profundo de su ser. Los envidiamos por no poder imitarlos.

Y preferimos vivir en el silencio, en las sombras, en el rebaño. Pues yo digo, grito, exclamo: ¡YA NO MÁS! ¡No puedo vivir para alguien más! ¡No puedo! ¡No puedo ser conformista! ¡No puedo vivir por reglas que otros decidieron! ¡No puedo amoldarme a algo que mi ser rechaza como opuesto a mis emociones, a mis ideas, a mis pensamientos, a mis necesidades, a mí!

¡Ya no quiero ser parte del rebaño!