Mostrando entradas con la etiqueta Altruismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Altruismo. Mostrar todas las entradas

abril 18, 2012

Liderazgo y Altruismo


Liderazgo. Yo no lo considero un don, algo que nace contigo, sino algo que aprendes, desarrollas, pones en práctica. Que otros dones personales te ayuden o te faciliten el proceso, eso es otra cosa.

Pero ser un buen líder no es tarea fácil; se requiere de constancia y confianza para no dejarse vencer por los obstáculos; se requiere de creatividad para resolver problemas y superar retos, pero también mano firme para no perder las riendas y mantener el norte; se requiere de pasión para que no se asome el frio del desanimo y la rutina.

Pero por encima de todo, para ser un buen líder se requiere de un cierto desapego a uno mismo, a lo personal, a lo propio; unas ganas de hacer por otros. Eso que llaman altruismo. Sacrificar tu tiempo, tus fuerzas, tu espacio, tus recursos para dejar una huella que guie los pasos de otros, para generar un cambio positivo a tu alrededor. Es vivir para ayudar a otros y no sólo a ti mismo.

Eso, para mi, es un buen líder, quien se atreve a dar los primeros pasos, a enfrentarse a las situaciones y los retos, a dar la cara, ir más lejos, ser ejemplo de cambio y novedad en todo momento. ¿Alguien dice "presente"?


abril 15, 2012

Muchas Gracias


Muy estimado compañero. Por medio de la presente me gustaría agradecerte la oportunidad que me has brindado. Aún cuando podemos diferir en ideología, en estilos, metodología y técnica, gracias a este viaje he aprendido que compartimos una visión bastante altruista del mundo y de la vida.

Aunque suene algo pretencioso, somos los héroes de carne y hueso, poniendo el aprendizaje, el crecimiento y la mejora en la vida de otros antes que nuestra comodidad y/o estabilidad personal. Quizás no saltamos dentro de un edificio en llamas, no volamos, no tenemos visión de rayos laser, ni súper-fuerza, pero metemos las manos al fuego y sacrificamos nuestro tiempo para ayudar a otros a alcanzar sus sueños.

Gracias a ti, entonces, por compartir esta experiencia, por cambiar mis paradigmas, por enseñarme nuevas formas de cambiar el mundo. Gracias por brindarme el espacio para generar nuevas amistades y conexiones. Gracias por recordarme la adrenalina de las carreras y la emoción de estar frente a un público sediento de información. Gracias por los empujones y el darme cuenta que hay mucho más que puedo y sé hacer. Por la oportunidad y las prisas, por la locura y el aprendizaje. Muchas gracias.

noviembre 30, 2011

No intento ser superhéroe


“No intento ser un superhéroe, ni cambiar el mundo”. De eso estoy claro. Me lo repito todos los días, para no terminar lanzándome al vacio detrás de causas nobles o damiselas en peligro (o chicos en peligro).

Siempre intento recordarme que sólo soy un ser humano, quizás haya algo especial en mi esencia, algo que me lleva a querer hacer más, aprender, conocer, crecer, compartir. Algo que me motiva a no ser uno más del montón.

Y es esa búsqueda de algo más, de esa esencia inmortal lo que me impulsa a querer dejar una huella en el mundo, de que se sienta mi paso, y que, al morir, quizás la gente no recuerde mi nombre, pero si las cosas que dejé en el camino, pequeños trazos de colores en un cielo gris, pequeños cambios en el espectro de la sociedad.

A veces parece inútil todo, pequeños cambios, pequeña huellas, pequeños pasos… ¿a quien le interesa? ¿Quién se da cuenta? ¿Quién nota la diferencia? ¿Sólo yo? Detrás de la cortina de los eventos y las acciones, de las palabras y discursos, quizás sólo yo veo lo que está sucediendo y le doy la importancia que se merece.

Pero luego me repito a mi mismo: “no soy un superhéroe, no intento cambiar el mundo”. Mis palabras y acciones deben nacer de mi deseo sincero de hacer y dejar una huella, no de sentirme alabado, ni mejor o más que nadie. Simplemente ayudar por el gusto de ayudar. Ser parte del cambio, y comprender que ese cambio se da gota a gota, paciente pero insistentemente, sin descansar y sin temerle al olvido.

La recompensa más grande no será mi nombre en una placa, una estatua o un edificio. La recompensa más grande será que otros, en el futuro, puedan vivir sin los temores que yo viví, que puedan amar sin los limites y obstáculos que yo encontré en mi camino, que puedan sonreír y ser felices sin preocuparse por ser “normales” o “diferentes”, que puedan ser sin necesidad de pensar cada paso dos veces.

No intento ser un superhéroe, ni cambiar al mundo, porque no puedo hacerlo yo solo, pero eso no me desanima, porque hasta el más pequeño grano de arena puede marcar la diferencia en el futuro.

agosto 21, 2011

CouchSurfing


Hace años, en un momento de necesidad, descubrí un sitio web llamado CouchSurfing, una comunidad global para personas que todavía creen en las personas y en su capacidad de brindar ayuda desinteresada a quien lo necesite.

A través del sitio contacté algunas personas en Canadá, y ya desde ahí todo fue una locura, había tantas personas dispuestas a recibirme y brindarme el mejor trato y atención posibles. Pero debía elegir, y eso hice, comparando la información de los perfiles y viendo lo más adecuado según mi personalidad y mis necesidades del momento. La experiencia fue inolvidable, no se limitaron a recibirme en su casa, sino que me trataron como parte de la familia, como un hijo que regresa a casa después de un largo tiempo. Y para siempre los tendré en mi mente como una especie de padres adoptivos a distancia.

Al volver a Venezuela, sentí que lo más apropiado sería devolver al universo la cantidad de favores, bendiciones y cosas positivas que había recibido, me decidí a ser más activo en el sitio, participar en las discusiones, en las reuniones, recibir más personas en mi hogar y tratar de brindarles la mejor atención posible. Pero descubrí que, aunque los miembros del CouchSurfing cumplían con su propósito de servir de guías y anfitriones, como todo en esta vida, no estaba exento de las cagadas frecuentes en el resto de las redes sociales y sistemas organizacionales a nivel mundial.

Lo primero que uno se consigue son “LOS TÍPICOS XENOFÍLICOS”, que lo primero que ven es la procedencia de las personas, dando preferencia a los europeos y norteamericanos como si fuesen mejores que todos los demás, o como si dejaran flores y billetes en el baño. Quizás les falta la experiencia de compartir con personas de otras partes del país y darse cuenta que hay mucho que aprender entre nosotros mismos.

Luego están “LOS DONJUANES” (y las también), que creen que cada huésped es la oportunidad de conseguirse una esposa o un marido que lo lleve consigo fuera del país a una vida de ensueños y riquezas. Quizás deberían aprender a valerse por sus propios medios para encontrar el fin de su soledad (o de su “verano”) y sus oportunidades de progreso.

Después vienen “LOS PARÁSITOS”, esos que creen que ser anfitrión es sinónimo de ser esclavo, y piensan que un buen anfitrión es el que deja de comer, de trabajar, de estudiar, en fin, de vivir, para andar pendiente de las necesidades de sus huéspedes. Quizás estos deberían cotejar el ser recibido en casa de un conocido con esa idea de aventura, de arriesgarse y explorar (que al menos una consulta sobre sitios recomendados podrán hacer donde lleguen y es perfectamente válido).

Siguen “LOS VISITANTES DE LUJO”, que quizás es que les da flojera leer los perfiles antes de enviar las solicitudes de hospedaje, o quizás no han terminado de entender que en el CouchSurfing la gente ofrece sus hogares, con lo poco o lo mucho que puedan tener para recibirles, y llegan esperando comidas especiales, los mejores servicios y las más finas comodidades. Quizás a estos les vendría bien recordar que existen hoteles y posadas.

Además están “LOS SEDIENTOS DE PODER”, que creen que el sitio les va a ofrecer los contactos con Bill Gates o Donald Trump y se van a arreglar la vida, y entonces, los títulos que se les otorgan se les suben a la cabeza y creen que son mandatarios nacionales, necesarios para representarnos en asuntos de vital importancia. Como si un miembro más o menos en alguna ciudad pudiese causar una guerra mundial o una hambruna, un fallo en la economía global o la proliferación de algún tipo de peste. Quizás estos deberían recordar que su misión es apoyar el desarrollo de la red y animar a más personas a participar, proporcionar ayuda y guías para experiencias más completas y positivas en su país o ciudad.

Y finalmente, porque no hay grupo, organización o club en Venezuela que no sufra de la presencia de “LOS APÁTICOS Y/O INGRATOS”, aquellos que usan el sitio sólo cuando ellos lo necesitan, o que se limitan a recibir a las personas en su casa y sienten que eso ya es demasiado favor, lo que pase después con el huésped no es su problema, ni les interesa. Quizás deberían ser recibidos por gente como ellos, para que lleven una cucharada de su propia medicina.

Yo se lo que muchos estarán pensando al terminar de leer esta entrada. ¿Qué hago yo como parte del CouchSurfing para cambiar o mejorar algo de esto? Nada. Porque para mi la experiencia del CouchSurfing no consiste en ganar poder o acumular rangos y referencias, en organizar mejores eventos, ser el alma de la fiesta o proyectarme hacia fuera del país. No busco amores, ni servidumbre, ni selecciono a mis huéspedes por su procedencia o cantidad de efectivo o su atractivo.

Para mi el CouchSurfing es una oportunidad excelente de ejercitar la hospitalidad, la bondad y la amistad; es un método genial para hacer nuevas amistades, comenzando en mi propia ciudad y mi país; es una ventana para conocer el mundo a través de los ojos de quienes llegan a mi y requieren mi ayuda; es una forma de generar energías positivas en el universo y recibir la dicha de un abrazo y una sonrisa agradecida, y la bendición de sentirme capaz de cambiar la vida de las personas compartiendo un poco de la mía.

Los invito a conocerlo: www.couchsurfing.com

mayo 24, 2011

¿De dónde sacas tanto tiempo?


Yo siempre me lo pregunto, y no soy el único que lo hace. No soy superman, ni intento salvar al mundo, ni convertirme en mártir, mesías o algo parecido.

Es algo que no sabría definir, entre altruismo, masoquismo e ironía, entre pasión, dharma y magia. Son ganas de sentirme ocupado, y a la vez seguir pensando que lo hago todo para mi mismo.

Es poner mi granito de arena para sentir que cuando muera habrá algo porque ser recordado; algo para aquellos que vienen detrás de mi; que quizás mi lucha aligere la suya.

Pero es también sacarle el jugo a cada segundo, aprender a ser multifuncional; “polifónico”, diría un amigo; “pensar como mujer”, diría otro; ser capaz de escribir, diseñar, planificar, editar, recortar, trazar, investigar, llamar, pedir, conversar, promocionar, invitar, luchar, estudiar y amar con intensidad en cada oportunidad (y todas juntas si es posible).

Es el animal social también, ese que te lleva a sacarle conversa a todos en la cola del banco o del supermercado, que te motiva a expandir tu lista de amigos, conocidos, panas, entre otros, solo por darte el gusto de poder celebrar más cumpleaños y tener más manos que estrechar durante el día, repartir más abrazos y besitos en la mejilla. Es la búsqueda incansable de terminar el rompecabezas del YO, cuyas piezas se esconden en las miradas de todos a quienes tocamos con nuestras acciones.

Es eso lo que hace que mi día tenga casi 72 horas, que mi semana dure 21 días y mi año pase por los 36 meses; es lo que convierte cada momento en una eternidad, cada encuentro en una fiesta y cada “HOLA” en una oportunidad para sonreír.

Es así como parece que hago más. Es cuestión de actitud, de ser altruista sin perder el egoísmo, y ser siempre el caos en la página en blanco. Siempre el gato que esconde un mundo tras la luz de su sonrisa cegadora.